Arquitectos mileuristas. 3ª parte: una radiografía triste… y algunas ideas para curarse.

Finalizo hoy la serie dedicada al papel de los arquitectos en la burbuja inmobiliaria y a su (triste) papel en la caída posterior. En el anterior post, hablé acerca de la diferencia fiscal entre ser autónomo o asalariado, de la (casi) imposibilidad de lo segundo y de algunas consecuencias de lo primero.

El post finalizaba con una inquietante pregunta que voy a contestar aquí. ¿Por qué nadie se quejó?

La respuesta es bien sencilla: sobraba trabajo. Si las condiciones no eran las que uno deseaba, bastaba con cambiar de despacho. Lo más normal era que el único cambio fuese de persona, porque la situación era la misma, pero lo repito: sobraba trabajo. Era fácil tener cuatro, cinco y hasta seis proyectos entre manos a la vez (yo mismo he llegado a ese punto en más de una ocasión), trabajando ocho, nueve y diez horas diarias de lunes a viernes, dejándose las cejas delante de la pantalla del ordenador para llegar a tiempo a todo y pasando más de una noche en blanco porque el día sólo tiene veinticuatro horas y eso a veces es un incordio.

Además, todo lo que diseñábamos se vendía, aunque fuese un verdadero pastiche (los he visto y dibujado de todos los colores, puedo asegurarlo) y la factura a final de mes era jugosa, así que, ¿para qué remover nada? Así nos luce ahora: somos un colectivo hecho de pequeñas cigarras, encantadas de haberse conocido e incapaces de poner en común los problemas cotidianos, de quejarnos y mucho menos de asociarnos para conseguir algunos derechos con los que poder avanzar por una senda menos precaria. La sindicación es un concepto proletario al que no podemos rebajarnos… al menos, hasta que la crisis nos dio en toda la cara.

En el año 2010 se fundó el primer sindicato de arquitectos, y lo cierto es que su labor ha sido encomiable. La pena es que nos hayamos tenido que ver casi en la cola de Cáritas para darnos cuenta de ello, y no es una exageración. Cuando las cosas empezaron a torcerse de verdad, algunos arquitectos tuvieron (tuvimos) suerte y únicamente vimos reducida nuestra jornada laboral. De trabajar 40 o 45 horas semanales pasamos a 30, a 20… Los menos afortunados, que fueron muchos, a cero. Los despachos comandados por profesionales de edad que han sabido hacerse un hueco en épocas más propicias, por lo general mantienen oficina abierta y suelen conseguir los (pocos) encargos importantes que aparecen, pero los profesionales más jóvenes, que apenas han hecho otra cosa más que trabajar para otros y no han podido hacerse un currículum ni una cartera de contactos, han perdido el tren.

Algunos comentarios al anterior post pusieron de relieve que, afortunadamente, hubo excepciones a la regla del falso autónomo, pero la desgraciada realidad para la mayoría es otra: 6 de cada 10 arquitectos que contestaron a las preguntas del informe del Sindicato de Arquitectos confiesan que lo han sido porque no tenían otra alternativa. Y más de la mitad no están adscritos a convenio laboral alguno, por lo que, o desconocen sus derechos, o carecen de fuerza legal para ejercerlos, o ambas cosas.

 

¿Hay alternativas? Por supuesto!!!!

Pero no quiero terminar esta serie sin dar al menos una pincelada de esperanza. Por ello, haré una pequeña recopilación de algunas iniciativas que se han llevado a cabo, o bien podrían hacerse si uno tiene el suficiente empuje (o medios) para ello.

Los despachos que aún sobreviven cada vez miran con mejores ojos la llamada internacionalización, que en realidad es el mismo esquema de trabajo que he relatado antes, pero manteniendo la estructura en España y colaborando de diferentes maneras con técnicos en los países de destino.

Existen numerosas iniciativas llevadas desde los Colegios de Arquitectos en las que se busca tender puentes laborales con mercados emergentes o, cuando menos, no contaminados por la burbuja inmobiliaria que no sólo ha afectado a España, sino a numerosos países europeos.

En estos países, hay muchas cosas por hacer; tantas como podía uno encontrarse en la España de los años 60 o aun en los 70. La calidad de la formación de los arquitectos españoles hace que sea más que factible su incorporación a estos mercados, ya sea como arquitectos, Project manager, gestores en general, supervisores de costes, asesores inmobiliarios…

¿Y en España? Pues, precisamente por nuestra formación multidisciplinar, podemos dedicarnos a muchas otras cosas aparte de a proyectar viviendas. Sin ir más lejos, yo mismo estoy potenciando una de mis grandes vocaciones, la escritura, de la que este libro es sólo una pequeña muestra. Pero hay muchos más campos:

  • La rehabilitación. El parque de viviendas de segunda mano es enorme, y en una época de estrecheces como la que se prevé es más fácil acomodar lo que uno tiene que gastarse una fortuna en algo nuevo.
  • Las Inspecciones Técnicas de Edificios. El mantenimiento del parque de viviendas obliga ya en muchas provincias a realizar estas inspecciones, que permiten determinar el estado de conservación de las mismas y pueden ser determinantes para obtener ayudas estatales.
  • Los informes y certificaciones de todo tipo. Esta opción me ha dado de comer en más de una ocasión; se necesita un cierto arrojo para certificar los defectos en viviendas construidas por otros colegas, y para defender el criterio delante de un juez, pero mucha gente tiene verdaderos problemas en sus viviendas. Y necesita que alguien le ayude a solucionarlos.
  • La colaboración con administradores de fincas y otros colectivos similares. Nos sorprendería saber la cantidad de gente que desconoce cómo es su vivienda por dentro y a quién acudir cuando necesita hacer reparaciones de un cierto calado en ella. Los administradores saben algo más, pero no mucho, y como cualquier persona, cuando encuentran alguien de confianza que les resuelve los problemas, difícilmente cambiarán de pareja. Y un buen administrador de fincas tiene una buena cartera de clientes potenciales…
  • La arquitectura efímera en todas sus vertientes. Por poner unos cuantos ejemplos: escenografías complejas para obras de teatro; decorados de cine; exposiciones temporales; y un campo verdaderamente goloso: los stands de ferias. Las empresas potentes de cualquier sector, cuando van a una feria de muestras buscan espacios de diseño espectacular, que muchas veces requieren de alardes estructurales que necesitan un técnico que pueda certificar una estructura colgada o un voladizo. Y ése es campo abonado para los arquitectos.
  • El diseño gráfico en general. La labor del arquitecto es crear, como la de un escritor, la de un músico, o la de cualquier diseñador en cualquier campo creativo que se nos ocurra, y muchas veces se utilizan el mismo tipo de programas. ¿Por qué no dedicarse a, por ejemplo, crear una imagen corporativa para una empresa, o a diseñar una web con contenidos autogestionables para otro despacho? Yo mismo he diseñado mi imagen de marca y he creado y gestionado mi web profesional; con la cantidad de herramientas que existen actualmente, es del todo posible.
  • La docencia. Dos de mis antiguos compañeros de trabajo están actualmente dando clases en institutos, y muy contentos con ello. Mi profesor de dibujo en COU era arquitecto. ¿Qué más se puede decir?
  • El mantenimiento de espacios. No sólo sabemos crear lugares para la vida; también conocemos cómo funciona, y nuestra formación incluye numerosas herramientas de gestión. Mantener edificios desde el punto de vista técnico no debería ser ningún imposible para nosotros.
  • Cabezas de puente de despachos internacionales. Todos conocemos los nombres de Foster, Rogers, Nouvel… Son arquitectos de renombre mundial y han dejado obras icónicas en nuestro país. Sin embargo, pocos conocen estudios como b720 o Alonso y Balaguer; pero son los despachos de arquitectos, muy potentes por cierto, que han llevado estas obras sobre el terreno.
  • El sector de renovables. Es una tendencia claramente al alza, sobre todo si se une a la ecología. Otro campo en el que nuestra formación puede ser determinante; ayudar al ahorro de energía en las viviendas; incorporar mejorar que la hagan más eficiente; mejorar el consumo; las áreas de actuación son infinitas, y las oportunidades también.
  • La implantación de procesos de calidad y los certificados ISO. Muchos arquitectos se han especializado en este tipo de áreas en años anteriores, y la ventaja competitiva es que pueden actuar en cualquier tipo de empresa que solicite este tipo de servicios.
  • Comerciales inmobiliarios. Cualquier arquitecto con un mínimo de experiencia sabe, con sólo echar un vistazo a un plano o entrar en un piso, si éste es buen producto o no para la venta. Para cualquier empresa que busque afinar a la hora de gestionar una cartera de inmuebles en venta o alquiler, esta capacidad es muy importante para evitar cargarse con productos de difícil salida.

Por supuesto, la lista se podría ampliar con muchas otras opciones, que poco o nada tienen que ver con el sector de la construcción. Yo mismo he optado por el mundo de la literatura, pero existen casos de profesionales que, antes de despedir a su plantilla, han sido capaces de hacerse cargo de un súper y reconvertirse en cajeros, reponedores, gestores de logística… Y todos contentos de mantener un nivel de ingresos con el que salir adelante.

La época de las grandes obras y de la cadena de montaje de adosados ha pasado, y dudo mucho que mi generación profesional vuelva a ver algo parecido antes de jubilarnos. Por lo tanto, es conveniente tomar con cariño esos pequeños trabajos que nos llevarán dos o tres días de trabajo y nos permitirán vivir a la espera de tiempos mejores.

 

SIMÓN CASAS

Fundador del sitio web Kenaria, donde comparte su experiencia como escritor y ayuda a otras personas a dar forma a sus historias. Su último libro, co-escrito con el coach financiero Israel Pardo, se titula “Gana el juego del dinero”.

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4 Responses

  1. 27/12/2012

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  2. 08/01/2013

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  3. 13/01/2013

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  4. 08/03/2013

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