Balanzas fiscales. 24 años de números entre Catalunya y el Estado

El martes los medios de comunicación se hicieron eco de la comparecencia del conseller de Economía de la Generalitat de Catalunya. Uno de los temas estrella fue la publicación de los datos correspondientes a 2010 acerca de las siempre polémicas balanzas fiscales. Es decir, la diferencia entre lo que Catalunya aporta a las arcas del Estado y lo que recibe después.

En la nota de prensa se remarca que esta diferencia es de 16.543 millones de euros, lo que equivale a un 8,5% del PIB de Catalunya. Es decir, en sólo un año los catalanes, tan insolidarios que parecemos, pusimos 16.543 millones de euros sobre la mesa para que el resto del país dispusiese de ellos. Pero, con ser una cifra importante, es sólo una parte de las que se publicaron el martes.

En efecto, un informe más exhaustivo hace un repaso histórico de las cantidades que Catalunya ha aportado al Estado y de las que ha recibido. En concreto, hablamos de un período comprendido entre 1986 y 2010. Un período lo bastante largo como para extraer algunas conclusiones. Y, para despejar dudas sobre los métodos de cálculo empleados, no se limita a uno solo, sino que se emplean dos. El primero se centra en el flujo monetario puro y duro, mientras que el segundo registra el beneficio en que se traduce dicho flujo. Los dos arrojan resultados negativos para Catalunya (es decir, que ha dado más dinero del que ha recibido).

Tabla de balanzas fiscales de Catalunya correspondientes al período 1986-2010

Tabla de balanzas fiscales de Catalunya correspondientes al período 1986-2010

Estos son los datos que figuran en poder de la Generalitat. Si miramos la tabla de la izquierda, veremos que el saldo que arroja es de 95.435 millones de euros hasta 2001, y de 135.071 millones más entre 2002 y 2010. La tabla de la derecha, más conservadora, arroja un saldo de 95.910 millones de euros entre 2002 y 2010.

Lo que estos números dejan bien claro es que Catalunya, lejos de ser insolidaria con el resto del territorio español, es una contribuyente neta, y además muy generosa (más de 10.000 millones de euros anuales en el caso más restrictivo).

Si miramos los cálculos de la columna de la izquierda, nos daremos cuenta de que, en 24 años, Catalunya ha aportado a las arcas estatales 230.506 millones de euros, lo que equivale al PIB catalán para este año. Y, si actualizamos los valores con respecto al IPC, esta cifra sube hasta los 323.305 millones de euros.

¿Quiere decir esto que Catalunya ha de dejar de ser solidaria? No. Lo que quiere decir es que, como pueblo, región, país, autonomía o como queramos llamarlo, nos sentimos profundamente despreciados por algunos políticos que se ufanan en decir que ellos sí cumplen con sus objetivos de déficit, cuando incluso las cifras del gobierno de la nación dejan bien claro que existen varias autonomías que ponen dinero, mientras que la mayoría lo reciben. Y, cosa curiosa, Catalunya se encuentra entre las que aportan y las autonomías que presiden algunos de estos políticos están entre las que lo reciben.

Quiero remarcar que, cuando hablo de desprecio hacia Catalunya, señalo a los políticos, no a los habitantes de sus territorios. Y quiero remarcar también que lo que este artículo pretende es darles datos a esos habitantes para que tengan más información. Porque es significativamente curioso que sea Catalunya la única que recibe palos por quejarse de una situación que los números confirman claramente. ¿Será porque nos hemos quejado? Quiero pensar que no, pero las declaraciones de personas como el señor Monago o Dolores de Cospedal no me dejan otra opción.

Me gustaría también pensar que los políticos que gobiernan España son algo más inteligentes de lo que nos hacen parecer cada día, aunque ver comparecencias en pantallas de plasma, indemnizaciones en diferido dignas del mejor club de la comedia y falsedades totales ‘salvo alguna cosa’ dejan poco espacio a la esperanza. Y lanzo aquí una pregunta: si de verdad Catalunya es un lastre tan grande para España, ¿por qué se empeña tanto en no dejar que se vaya? Claro, se me olvidaba: cuando Aznar era el presidente, organizó la de Dios por un islote llamado Perejil que ni siquiera estaba habitado, y lo hizo al alba y con viento duro de levante. ¿Cómo se me pudo olvidar? Así las cosas, no es de extrañar que quieran retener con todos los medios a su alcance a una comunidad autónoma que genera casi la quinta parte de la riqueza nacional y que pone cada año sobre la mesa más de 15.000 millones de euros.

Me gustaría ver algo más de cariño por parte de esas mismas personas. Y me gustaría por un simple motivo: porque cada vez más gente se está cansando de pagar y recibir patadas políticas por toda respuesta.

Porque el catalán es generoso por encima de cualquier tópico absurdo, y porque llevamos 25 años (por lo menos) aportando dinero para que otras comunidades puedan avanzar, y estaríamos más contentos de hacerlo si las personas que presiden esas mismas comunidades agradeciesen esa ayuda de vez en cuando en lugar de sacar pecho por unos números que, sin esas ayudas, serían un verdadero desastre.

Porque cada vez somos más en Catalunya los que nos hemos cansado de esos personajes que se olvidan que son ante todos servidores del pueblo; que no tienen el menor reparo en subirse los sueldos mientras recortan los de los demás, que son quienes les pagan; y que sufren de amnesia selectiva cuando se trata de responder por sus actos.

Me gustaría que esas personas se diesen cuenta de que, si Catalunya está ahora mismo con unos números tan desastrosos, es en parte por esa solidaridad que ellos tan alegremente les niegan. Y me gustaría porque, si esta situación se prolonga por más tiempo, llegará a un punto de no retorno que hará imposible cualquier arreglo cordial.

Porque estamos muy cerca de ese punto en el que Catalunya tendrá que irse de España simplemente porque será imposible la convivencia con algunos de sus estamentos. Y porque, el día que eso suceda, España perderá una quinta parte de su riqueza y buena parte de su empuje. Y, si ya la situación económica que arrastra es grave, sin uno de sus motores será aún peor.

Deseo equivocarme. Y deseo que quien lea este artículo entienda que, por encima de mis convicciones políticas, he querido plasmar un descontento basado en unas cifras que pueden ser tan discutibles como queramos, siempre que se pongan sobre la mesa. Quien crea que no son ciertas las que aquí he expuesto, y que son las que ha dado la Generalitat, puede aportar las suyas. No es ni un reto ni un farol; es una invitación.

 

SIMÓN CASAS

Fundador del sitio web Kenaria, donde comparte su experiencia como escritor y ayuda a otras personas a dar forma a sus historias. Su último libro, co-escrito con el coach financiero Israel Pardo, se titula “Gana el juego del dinero”.

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1 Response

  1. 24/05/2013

    […] Ayer publiqué un artículo comentando las balanzas fiscales de Catalunya con el Estado español. Hoy, a través de twitter, @nuvolari78 me ha puesto sobre la pista de un artículo que refuta las razones esgrimidas por el conseller de economía. Y, recogiendo el guante lanzado, voy a efectuar un pequeño análisis de ambas posturas. […]

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