Cansado de malas noticias

El artículo de hoy es, sencillamente, un grito en el desierto. Lo sé. Pero no me puedo contener. Son muchos años escuchando y leyendo noticias en las que periodistas, tertulianos y columnistas parecen regodearse en los aspectos negativos del mundo que nos ha quedado después de la juerga crediticia e inmobiliaria.

Sé que gritaré en el desierto cuando diga que, aunque uno de cada cuatro españoles en edad de trabajar está parado, los otros tres conservan su empleo. Porque hemos decidido mirar por sistema el lado oscuro de todas las cosas que nos pasan, y porque, por lo visto, vende más diarios un titular que hurgue en la herida. ¿Quién quiere saber que hay gente que todavía pone el despertador por las mañanas porque tiene un trabajo que hacer cada día?

¿Quién quiere darse cuenta de que los atascos a la entrada de Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao… los provocan personas que van a ganarse el sueldo?

Por lo visto, nadie que decida las cabeceras de los diarios…

Durante un tiempo, el canal privado barcelonés 8TV dedicaba unos minutos de su noticiero nocturno a mostrar empresas que funcionaban. Parecía casi un milagro en un país en el que todo se cae a pedazos, los políticos roban a sus anchas y la gente paga unos impuestos de primera por unos servicios de tercera.

Pero era cierto. Esas empresas funcionaban (de hecho, una de ellas me da de comer de tanto en tanto). Lo más sorprendente es que fuese noticia. Pero, visto lo visto, casi pediría que alguien decretase por ley un porcentaje de buenas noticias.

Y es que, ¿qué ganamos repitiéndole a la gente lo malo de la situación actual? ¿Por qué, en lugar de machacarnos con las cosas que salen mal, nadie intenta animarnos y poner en valor que la gente, en estos tiempos, se ha vuelto más solidaria que nunca?

¿Por qué nuestros políticos no se dedican a hacer el trabajo para el que se les elige y se les paga (muy bien, por cierto) en lugar de justificarse constantemente y echarles las culpas a los demás?

¿Por qué no probamos a levantarnos y seguir andando en vez de regodearnos en las heridas?

Y mucho más importante: ¿por qué, en vez de preguntarnos POR QUÉ, no nos preguntamos CÓMO? (y esto va por quien escribe también) El porqué nos mantendrá en el pozo; el cómo quizá nos dé alguna idea para salir.

Sí, lo sé, nadie leerá este artículo. Pero por si acaso.

 

SIMÓN CASAS

Fundador del sitio web Kenaria, donde comparte su experiencia como escritor y ayuda a otras personas a dar forma a sus historias. Su último libro, co-escrito con el coach financiero Israel Pardo, se titula “Gana el juego del dinero”.

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