Carta abierta a Mariano Rajoy

Hola a tod@s. Tras el paréntesis motivador, tenía la sana intención de volver a escribir acerca de la burbuja inmobiliaria. Pero la realidad, que suele ser muy suya, ha hecho que esta semana tengamos (¿por fin?) los detalles del rescate económico. Y, como la gran mayoría de la gente, estoy profundamente indignado. Por varios motivos:

Motivo nº 1: esto no es lo que nos vendieron. Tuve muy claro que nada de lo que prometió el PP durante la pasada campaña electoral se iba a cumplir; es más, estoy convencido de que ellos mismos  sabían perfectamente que no podrían cumplirlo. Pero lo que estamos viendo es una matanza en toda regla: sube el IRPF, el IVA, las retenciones a los autónomos (algo de lo que no se habla, pero que es una rebaja de sueldo de un 6% a unas economías ya muy maltrechas), quitamos pagas extras a los funcionarios… Es difícil que el país aguante mucho tiempo una sangría de este jaez.

Motivo nº 2: no somos iguales. Mientras todos, en mayor o menor medida, sufrimos los hachazos europeos, nadie en Bankia está asumiendo responsabilidades. Ni por el pufo de la CAM, que en breve será liquidada; ni por tener en el consejo de administración de Caja Madrid a todos los partidos políticos de la Villa y Corte; ni por una fusión de cajas podridas cuyo resultado fue una gangrena nacional; ni por una salida a bolsa que ya se decía que era inconveniente; ni, por supuesto, por los 23.000 millones de euros que nos va a costar a todos la broma.

Nadie, repito, nadie parece que vaya a responder por ello; ni los anteriores gestores, ni los actuales, ni los gobiernos que han permitido que la situación llegase a tales extremos.

Motivo nº 3: salimos de Judas y nos metimos en Pilatos. O lo que es lo mismo, se fue Zapatero y llegó Rajoy. Un presidente de gobierno que, en poco más de medio año, hace pensar a unos cuantos que quizá el anterior no era tan malo. Y eso es mucho decir. Un presidente de gobierno que es capaz, para evitar que la gente le señale por el dedo, de cambiar toda su agenda y aparecer un día antes donde se le esperaba para, confiando en el factor sorpresa, evitar la reprimenda. ¿Le da miedo la gente? Haga como yo entonces: quédese en casa.

Motivo nº 4: la reserva espiritual de Occidente. Me parece patético pretender que, estando como estamos, la cara visible del gobierno salga orgullosamente a  decir que el rescate (le digan como le digan, es un rescate) lo hemos pedido nosotros poco menos que para hacerle un favor a Europa… cuando la realidad es que son ellos quienes están evitando que nos hundamos en la miseria.

Aún más patético es que, mientras el país entero se preguntaba cómo podríamos salir de este atolladero, nuestros representantes se fuesen a Polonia y a Ucrania a ver fútbol. Si pretendemos que nos tomen en serio, por lo menos hemos de parecerlo…

Motivo nº 5: echarle la culpa a los demás. Una de las mejores enseñanzas que he recibido en mi vida laboral es que, de puertas afuera, hay que defender con uñas y dientes a tus compañeros, a tus subordinados y a tus jefes, aunque de puertas adentro les saques los ojos. En cambio, aquí nos encontramos con que el gobierno que pagamos con nuestros impuestos pone a las administraciones autonómicas a la altura del betún en los informes que envía a Europa, culpándoles de la mayor parte del déficit y quedando con las manos libres para seguir derrochando en AVE’s a 2.000 euros el billete, aeropuertos sin vuelos ni aviones y olvidándose de poner buenas comunicaciones a un territorio que concentra más de la mitad de las exportaciones.

Motivo nº 6: aprovechar que el Pisuerga pasa por Valladolid. Y cargarse un Estado de las Autonomías en el que, en realidad, no han creído nunca. Ese es ahora mismo su gran objetivo, y sólo de esa manera se entiende que promulguen leyes que invaden competencias ya transferidas, que amenacen con intervenir autonomías que no cumplen los objetivos de déficit cuando a ellos se les ha permitido relajarse para que puedan devolver lo prestado.

Esto es lo peor que puede pasarnos, y como catalán que soy no puedo esconderme, porque se nos está metiendo en el mismo saco que autonomías como la Comunidad Valenciana, en la que se han derrochado miles de millones de euros, en la que ya no queda banco o caja propio porque todos han sido intervenidos, y en la que, al menos que se sepa, poca austeridad se está aplicando. Aquí, en cambio, llevamos año y medio de recortes generalizados con un suculento aderezo de críticas por insolidarios y ‘perlas’ como la del presidente de Extremadura (del PP, por cierto, y también en la lista de amenazadas por la intervención), quien piensa votar contra el pacto fiscal que queremos desde Catalunya porque lesiona sus derechos.

¿Pero qué es esto? ¿Está usted admitiendo, señor Monago, que la comunidad que usted gobierna es incapaz de salir adelante sin las ayudas que puedan llegar de otros lugares? Si es así, no nos eche la culpa a los demás, por favor. Lo único que se logra con estas actitudes es que Catalunya tenga cada vez menos ganas de seguir formando parte del club de las autonomías.

Motivo nº 7 (y último): nadar a contracorriente. Lo que nos quedaba por oír es que el presidente del gobierno elegido democráticamente diga, en pleno Congreso, que está haciendo cosas que no quiere hacer obligado por las circunstancias, y que en cuanto pueda enmendará el rumbo.

¿Por qué se presta entonces a ello? ¿Por qué permite que otros le digan lo que tiene que hacer, cuando su obligación es cumplir con el programa electoral que presentó hace menos de un año? Pensábamos que esto no era Grecia, ni Italia; nos consolábamos pensando que, al menos, nosotros habíamos elegido a nuestros gobernantes. Pero por lo que se ve, da igual a quién votemos; desde mayo de 2010, en Moncloa no se toman decisiones propias. Se ejecutan las que dictan otros.

No sé qué pensará hacer el señor Rajoy. Si yo estuviese en su lugar, me iría a mi casa y le dejaría el puesto a otro. Porque gobernar contra el propio criterio debe ser penosísimo.

 

SIMÓN CASAS

Fundador del sitio web Kenaria, donde comparte su experiencia como escritor y ayuda a otras personas a dar forma a sus historias. Su último libro, co-escrito con el coach financiero Israel Pardo, se titula “Gana el juego del dinero”.

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4 Responses

  1. Paulus7 dice:

    Es interesante ver como el fracaso se ha vuelto contagioso(cómodo) al punto de que ya se habla de otros países que esperan turno para pedir rescate. El único común denominador es que nadie es responsable de lo que está sucediendo y al parecer tampoco de lo que va a suceder. Hermoso ejemplo van a dejar para la posteridad, ya nadie habla de héroes ni siquiera de capaces. ¿Se estará por destruir el mundo?

  2. Toni dice:

    Simón,

    Nos sobran motivos a todos para obligar a quienes tuvieron responsabilidades en esta patochada de economía del tocho y el desarrollismo_2, que paguen lo que han montado. Como siempre lo que no tendremos son los medios para que se haga, sino mira lo atada de manos que está la Fiscalía, o donde a ido a parar Garzón…

    ¡Qué bonito sería ver a estos responsables pagar de sus bolsillos! ¡Qué reconfortante verlos entre rejas a ellos y a sus amigotes! ¡A todos! Este pais es de pandereta, de listos, de sanguijuelas arribistas con la Corte, y perdonadme, pero es un país de idiotas. Dicen que si no se lo ponemos fácil los grandes capitales se irán a otro país…¡Si ya se han ido! ¡Que se vayan! ¡Eurovegas go home!

    Pero no nos engañemos, aquí siguen mandando los mismos que hace cien años, los mismos capitales, las mismas familias. No son entelequias tipo “el capital de terceros”, o “los malos”, son personas con nombre y apellido.

    ¿Quien es el incauto que para pagar una deuda se mete en otra? Aún recuerdo a Rajoy siendo ministro de interior aznarista diciendo que las familias españolas “sa han de endeudar más”. En fin, un asco.

    Y me callo porque yo ya restituiría el garrote vil y me llevaría a unos cuantos por delante AAAAAggghhhhhhh!!!!!!!!

  3. fredycrunch dice:

    Hemos creado entre todos un sistema político y económico que no es sostenible. Tan sencillo y triste como eso. Cada uno en el ámbito de responsabilidad que le toca, unos más y otros menos, pero todos culpables.

    Las taifas autonómicas que tiran de la piel de toro hasta rasgarla, el cortoplacismo de los políticos y la defensa de sus privilegios por encima del bien común, la falta de una actitud crítica de la población ante estos hechos, la falta de una ética social que anteponga el interés común al particular, la miopía económica de un dinero fácil obtenido por la vía del préstamo y tantas y tantas cosas que no caben en este comentario.

    Es más complicado que la mala gestión de uno u otro político, es el fracaso de una sociedad y de un país. Tan sencillo y triste como eso

  4. Nisan Yalev dice:

    Totalmente de acuerdo

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