Cómo escribir bien (1). Acento vs. tilde

Cuando tenía seis o siete años, nos dieron a leer en clase un cuento con un mensaje muy claro sobre lo importante que es saber puntuar para que se entienda bien lo que decimos.

En ese cuento, un niño como los que éramos nosotros entonces participaba en una obra de teatro en la escuela. Su papel era muy pequeño, tan sólo una frase, pero era el final de la obra, y acompañando al protagonista, así que era fácil ver lo importante que era, y lo nervioso que se puso el chaval los días antes de la representación.

Cuando le llegó su turno, ya casi acabada la obra, salió junto al protagonista. Los dos se quedaron mirando a otro niño, que hacía de muerto, y el que tenía que decir la última frase se preparó para dejar boquiabiertos a los padres. En realidad, su frase era muy sencilla, sólo cinco palabras, pero él estaba convencido de hacerlo tan bien que todo el mundo le felicitaría. Todo lo que tenía que decir, con gesto triste, era lo siguiente:

– Señor, muerto está, tarde llegamos.

Pero, cuando iba a pronunciarlas, vio la cantidad de gente que estaba sentada y se despistó un segundo. Tomando aire y mirando al tendido, dijo lo siguiente:

– Señor muerto, esta tarde llegamos.

El descojone fue bestial, como podéis imaginar. A mí me quedó grabado ese cuento en la memoria, y me vuelve cada tanto cuando veo en las tertulias de TV esa vida paralela que son los mensajes de Facebook y Twitter. Vale, todos sabemos que el teclado táctil del iPhone es pequeñito y que es fácil que cometamos alguna falta de ortografía, pero de eso a ver frases sin comas, o con las comas donde Dios quiere, o con frases escritas de cualquier manera, hay un trecho tremendo. Y un tuit mal escrito es más difícil de entender que una respuesta de Cospedal.

No cuesta nada escribir bien. Por eso, quiero poner en marcha una serie de posts con pequeños consejos para corregir esos mini vicios en los que todos, incluido un servidor, caemos de vez en cuando.

 

Acento no es lo mismo que tilde

Lo primero es recordar que casi todos nos equivocamos cuando decimos algo del tipo esta palabra tiene el acento mal colocado. Lo que vemos en una palabra como camión no es un acento, sino una tilde.

En realidad, todas las palabras tienen acento. Las de la frase anterior, también. Hay una sílaba en cada palabra que destacamos sobre sus compañeras, mediante un sutil cambio de intensidad al pronunciarla. Es la sílaba tónica, y el resto se denominan átonas.

En cambio, no todas las palabras tienen tilde. ¿Y esto por qué pasa? Bueno, no siempre es necesario marcar la sílaba tónica, ya sea porque la palabra sólo tiene una sílaba, o porque, aun teniendo más, sólo tiene un significado.

Cuando es necesario ponerla, existen una serie de reglas que todos conocemos. La mayoría son para poner orden, como lo de que las palabras agudas se acentúan cuando acaban en vocal, n o s, las llanas se acentúan cuando no acaban ni en vocal, ni n, nis, y las esdrújulas se acentúan siempre. Pero a veces no basta con eso. Hay palabras que, según dónde lleven la tilde, significan una cosa u otra. No es lo mismo público que publico o que publicó. Aquí, los significados son muy parecidos, pero no iguales.

La tilde diacrítica

En otros casos, la diferencia de significado es tal que esa tilde es imprescindible, sobre todo en palabras que sólo tienen una sílaba. Entonces, esa tilde se llama diacrítica. Por ejemplo, mas o más. La primera es una forma arcaica de pero. La segunda es un adverbio comparativo. Como un huevo a una castaña, vamos.

Hay cuatro grandes grupos de palabras que incorporan la tilde diacrítica. El primero de ello es el de los monosílabos como el que acabo de poner de ejemplo. El segundo es el de los demostrativos, tipo este y aquel. Cuando llevan tilde, pasan a ser pronombres.

El tercero es el de las palabras que usamos con funciones exclamativas o interrogativas, tipo quién o qué. En estos casos, llevan tilde. En el resto, no.

El cuarto y último es el de la palabra solo. Cuando se usa como adverbio, lleva tilde. Cuando es un adjetivo, no.

 

SIMÓN CASAS

Fundador del sitio web Kenaria, donde comparte su experiencia como escritor y ayuda a otras personas a dar forma a sus historias. Su último libro, co-escrito con el coach financiero Israel Pardo, se titula “Gana el juego del dinero”.

You may also like...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: