Diario de un emprendedor (16): Foco, foco y foco

Uno de los mayores problemas con que nos encontramos cuando empezamos un negocio es centrarnos en lo que de verdad genera ingresos.

Es muy normal. Por lo común, arrancamos con lo puesto y, con suerte, tenemos una idea en marcha. Muchas veces, ni eso. Y, acuciados por la necesidad de darle a nuestro plan de negocio una pátina de importancia que aún no tiene, lo llenamos de ideas, sub-ideas, variantes, locuras, y toda clase de cosas que muchas veces no resisten ni siquiera el papel.

El esfuerzo es loable, pero quizá no haga falta llegar a tanto.

De hecho, en cualquier etapa de nuestra andadura es condición indispensable centrar nuestros esfuerzos en las líneas de negocio realmente importantes. ¿Y cómo se sabe eso? Es fácil. Basta con identificar las que pongan más dinero en caja, las que tengan más clientes o las que tengan una mejor relación entre el esfuerzo y la recompensa.

Dicho en otras palabras, las más rentables o las que tengan mayor proyección de crecimiento.

Desde el cielo hasta el suelo

Para dedicar nuestro mayor esfuerzo a lo que de verdad nos interesa, hemos de mirar nuestro negocio como si estuviésemos montados en el Meteosat, en las alturas. Desde esa atalaya, veremos no sólo nuestra idea, sino las de los demás, el mercado, los clientes, la competencia… Pondremos lo que estamos haciendo en contexto, y tendremos así un mapa completo de lo que nos estamos jugando, lo que podemos conseguir y lo que podemos perder.

Una vez hecho esto, hemos de identificar hacia dónde se mueve el mercado y hacia dónde lo hace la competencia. Es una tarea muy compleja, y sujeta a multitud de errores, pero muy necesaria para saber hacia dónde hemos de movernos. Para lograr esto, hay que descender hasta la tierra y movernos por nuestro entorno, de donde obtendremos más datos para afinar la ruta.

En un nivel más detallado, luego tendremos que tomar nuestro modelo de negocio y compararlo con todos aquellos que, directa o indirectamente, pueden estar en nuestro mismo carril. Con esa información, sabremos en qué somos mejores y en qué no. Y, por último, hemos de desmenuzarlo pieza a pieza y ver en qué zonas hemos de mejorar, en cuáles es útil que lo hagamos y cuáles podemos dejar tal como están.

De atrás hacia delante… y viceversa

Este proceso de focalización es vital para cualquier empresa que quiera sobrevivir en este mundo… y para casi cualquier actividad humana. Yo mismo, sin ir más lejos, hago uso de este método tanto para proyectar edificios como para crear historias que luego plasmo en papel. Empiezo con una idea genérica que poco a poco voy modelando y poniendo en contexto y que, con posterioridad, desarrollo con más detalle.

El paso siguiente es justamente el inverso: tomar un cohete y volver al Meteosat para comprobar cómo encaja nuestra propuesta en el contexto general. Es algo absolutamente necesario, sobre todo después de pasar horas y horas pensando cada detalle hasta el cansancio, levantar la cabeza y ver cómo queda el conjunto.

Vuelvo a ponerme de ejemplo: cuando proyecto un edificio, llega un momento en que tengo que ponerme a distribuir estancias,  decidir hacia qué lado abre una puerta, pensar dónde puede ser más funcional una cama en un dormitorio, colocar enchufes en la sala, y durante ese proceso pongo la espalda recta y miro lo que he dibujado desde una cierta altura para saber si todo está donde tiene que estar, porque es más que probable que, para hacer que un dormitorio cumpla con el ancho mínimo obligatorio, haya tenido que mover la pared de un baño y el espacio para moverse sea insuficiente.

Si se trata de escribir, el proceso es algo diferente, pero no mucho. Trazo la trama básica, perfilo los personajes, detallo escenas y empiezo a teclear. Cuando ya llevo un cierto número de páginas, me gusta parar y volver al principio para repasar el trabajo. No es extraño que haya frases fuera de contexto, palabras que se repiten más de lo estéticamente aceptable, y más de una vez cazo incongruencias en la trama que son fruto, simplemente, de mi falta de memoria o de la prisa.

Adaptación al medio

En una empresa, este proceso es igualmente necesario. Una vez hemos llegado al nivel máximo de concreción, hay que tomar distancia y ver el conjunto, por si hay cosas que no encajan. Y no debemos conformarnos con hacer esto una sola vez: hemos de hacerlo de continuo y tantas veces como creamos necesario, porque el mundo es un ente vivo en el que todo cambia y, si miramos hoy nuestra calle y lo hacemos dentro de un mes, seguro que no será igual.

Es más: si ese tiempo lo reducimos a una semana, el resultado será el mismo. Y si lo hacemos de un día para el siguiente, y de una hora para la siguiente… El mundo cambia constantemente, y con él todo lo que hacemos. Las empresas no pueden ser menos, y por eso es tan necesario el continuo proceso de acercar y alejar el foco, porque las condiciones de nuestro sector cambian constantemente y, si queremos seguir adelante, hemos de adaptarnos a ellas.

La naturaleza nunca permanece invariable. La empresa no deja de ser un ecosistema, y como tal se comportará. Quien sepa leerlo y modificar su modelo para acomodarlo a los cambios, tendrá una oportunidad.

Quien no lo haga, puede darse por muerto.

Andres Castro

ANDRÉS CASTRO

Escritor especializado en temas de marketing y emprendeduría. Colabora en Kenaria en la sección “Siguiente nivel

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