Diario de un emprendedor (5): Una subvención no es una solución

Los noticieros, los diarios, los programas de radio… por todas partes vemos organismos públicos y privados dispuestos a prestar dinero para buenas ideas, incluso a darlo a fondo perdido. Es una tentación demasiado golosa para dejarla pasar, ¿verdad?

Hay bancos que conceden créditos a bajo interés; organismos estatales que dan subvenciones para poner en marcha una empresa de base tecnológica, contratar personas en riesgo de exclusión social; incluso, hay inversores privados que son capaces de poner dinero a cambio de una parte de nuestra empresa. Todo son parabienes. ¿Todo?

Bueno, depende de cómo se mire…

Un crédito es un crédito es un crédito

Empecemos por los bancos. Por si a estas alturas aún hay alguien que no lo sepa, diremos que estas entidades son, básicamente, máquinas de hacer dinero. Lo que quiere decir que, cuando presten dinero a alguien, lo harán convencidos, al menos en teoría, de que se lo van a devolver corregido y aumentado.

Por lo tanto, van a asegurarse de que usted, si les pide una cierta cantidad, tiene algo que valga al menos lo mismo para asegurarse de que no van a perder dinero. Sí, ya sé que la burbuja inmobiliaria ha demostrado que no son tan listos como parecía, pero ¿realmente cree que son tan tontos como esta crisis les ha hecho parecer? Yo no lo diría muy alto…

En cualquier caso, si usted le pide dinero a un banco y éste se lo presta, algo que en estos tiempos casi suena a ciencia ficción, tenga muy claro que se lo va a tener que devolver. Y con intereses.

¿Qué quiere decir eso? Pues que ese dinero hay que hacerlo crecer. Quiere decir que usted, con ese dinero, ha de hacer crecer ese proyecto tan ansiado y lograr que genere beneficios, los suficientes por lo menos como para devolver lo prestado. Y que, si no lo consigue, es muy probable que el banco se lo cobre quitándole lo que quiera que sea que usted haya puesto como aval. Así que piénseselo bien antes de entrar en un banco.

Papá Estado

Cuando nos inscribimos en las charlas que organizan los ayuntamientos y comunidades autónomas para los valientes que se lanzan a emprender, siempre hay un apartado para toda clase de subvenciones.

No voy a extenderme aquí sobre ese particular, porque es fácil encontrar listas actualizadas en cualquier municipio importante del Estado, pero sí voy a detenerme en un punto que todas las charlas destacan, y es que muchas de esas subvenciones o no están operativas en ese momento, o tienen unos requisitos que casi nunca cumplimos del todo.

Unas veces es porque somos demasiado mayores; otras, porque somos demasiado jóvenes. Si soy mujer, sólo entro en el bombo hasta una cierta edad. Si mi nivel de ingresos supera un cierto nivel, ya no puedo acceder. Y así hasta el infinito…

Aun en el supuesto de que se alineen los astros y entremos en alguno de los grupos con derecho a subvención, hemos de tener en cuenta una cosa: tendremos que rellenar multitud de papeles y pasar por numerosos trámites hasta saber si podemos acceder a una de esas ayudas. Y en ese proceso puede pasar mucho tiempo; fácilmente, más de un año…

…y eso no es lo último. Suponiendo que la conjunción astral sea de categoría extra y logremos que nos den esa subvención, es más que probable que tengamos que justificar los gastos que nos permitan acceder a ella. Porque casi siempre se conceden sobre gastos ya efectuados. Y, una vez justificados, no nos los darán inmediatamente, sino que quizá tengamos que esperar al año siguiente para cobrarlas.

Ángeles o demonios

En cuanto a los business angels, o inversores externos, bueno… no son como los bancos, pero casi. Porque le pedirán algo que justifique su inversión. Y ese algo es su idea, su proyecto o su empresa, dependiendo del estado en que se encuentre.

¿Y qué se necesita para lograr esa confianza? Algo tangible. Ahora se han puesto de moda programas en los que se ve a emprendedores de todo tipo luchar por conseguir dinero para sacar adelante sus sueños. Y, cuando los presentan, han de tener una idea sólida detrás, un gran equipo capaz de dejarse la piel, un plan claro y racional para hacer crecer el capital que se invierta y un producto que aporte valor.

En resumen, lo que piden es algo tangible en lo que poner su dinero, y que ese algo tenga el suficiente potencial como para esperar razonablemente un beneficio económico. Porque ellos también esperan ver su dinero de vuelta en sus bolsillos, y preferiblemente aumentado.

Para eso, es vital que uno tenga muy claro su modelo de negocio, contar con un equipo de plena confianza, saber muy bien dónde va uno a poner el pie en cada momento y tener un producto que realmente quiera la gente. Es decir, no se lo van a dar gratis.

¿Qué haría usted en su lugar?

Contar con el dinero de otros

Cada uno de estos métodos de obtener financiación tiene sus pros y sus contras, pero en todos los casos hay un factor determinante: no se obtienen a cambio de nada.

En unos casos, se limitan a devolvernos una parte de lo que hemos invertido. En otros, nos van a imponer unas condiciones de devolución muy claras y unas penalizaciones muy fuertes en caso contrario. Y en el resto, van a pedirle que sea realmente bueno como para merecerlo.

Además, hay otro factor muy importante: no son garantía de que nuestro proyecto funcione, porque lo único que hacen es ayudarnos a pagar las facturas. No venderemos más, ni tendremos más clientes. Y eso, a veces, cuesta de recordar.

Especialmente importante es el caso de las subvenciones. Sobre todo porque siempre se conceden a toro pasado, es decir, lo que hacen es restituirnos una parte de lo que nos hemos gastado. Nunca el total, y sólo en determinados casos.

Además, y como ya he dicho antes, contar con ese dinero no nos va a librar de los riesgos de emprender. Seguiremos teniendo la obligación de ganarnos cada día el dinero que nos llevemos a casa, y eso no siempre será posible.

Todo esto nos lleva a un argumento que ya he dejado caer en otros artículos de esta serie: lo mejor es llevar a cabo este tipo de aventuras con tanto dinero propio como podamos. ¿El motivo? En todos los casos podemos tener éxito o fracasar, pero si hemos de volver a casa con el rabo entre las piernas, desde luego que es mucho mejor hacerlo sin deberle dinero a nadie. No es agradable en ningún caso, pero en este, al menos, podremos dormir tranquilos.

En el otro, sin embargo, es más que probable que tengamos que hacer frente a pagos que quizá no podamos atender, y eso sí es triste.

Por lo tanto, lo más aconsejable es contar en primer lugar con nuestro bolsillo, en segundo lugar con nuestro bolsillo y en tercer lugar con nuestro bolsillo. Todo lo que venga de más, bienvenido sea, pero esperar a que venga para ponernos en marcha no sólo es una irresponsabilidad. Muchas veces, es una pérdida de tiempo.

Andres Castro

ANDRÉS CASTRO

Escritor especializado en temas de marketing y emprendeduría. Colabora en Kenaria en la sección “Siguiente nivel

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