Diario de un emprendedor (7): Cuando uno tiene más de un amo

Cuando hemos sopesado todos los riesgos y ventajas que nos puede suponer establecernos por nuestra cuenta, muchas veces caemos en el error de pensar que dedicándole unas pocas horas a la semana vamos a lograr comernos el mundo.

Perdone que le tire del guindo. Eso es imposible.

Recuerdo que, en el instituto, me dio por montar un grupo de música para comerme el mundo. A esas edades, importa muy poco que uno toque de oído, y no paré hasta que algo parecido a eso tomó forma.

El grupo era bastante heterogéneo, por decirlo de una manera suave. Sólo había alguien que supiese mínimamente dónde se metía, y no era yo. Sólo había una persona que supiese algo de música, y era el mismo de la anterior frase (sí, tampoco era yo). ¿Y con qué experiencia pensábamos convertirnos en estrellas mundiales? Con tres horas semanales de ensayo los sábados por la mañana.

No tardé demasiado en caerme de la nube. Porque justamente ese año empecé la universidad, y las carreras técnicas no saben ni de horarios ni de aficiones. Además, a cada sesión de ensayo veía más claro que el recorrido que necesitábamos antes de ponernos en marcha era enorme.

Quien no haya tocado nunca un instrumento puede pensar que sincronizar tres, cuatro, cinco o más instrumentos es algo sencillo, pero a la hora de la verdad hasta ponerse de acuerdo para empezar a la vez es una tarea hercúlea. De hecho, la mayor parte del tiempo la pasábamos intentando hilvanar no ya una canción completa, sino una parte de ella.

A la cuarta o quinta sesión me bajé del tren. Nadie escarmienta por cabeza ajena, y a pesar de que mis padres se hartaron de decirme que estaba perdiendo el tiempo, no fui consciente hasta que me metí en harina y descubrí todo lo que hacía falta, no ya para ser una estrella, sino simplemente para hacer que de todo aquello saliese algo que no nos avergonzase a todos.

La ley del máximo esfuerzo

De la misma manera, montar una empresa no es una tarea que uno pueda ventilar en una tarde a la semana, o en dos como gran esfuerzo. Bueno, quizá montarla pueda hacerse de esa manera, pero gestionarla y hacer que dé dinero… ejem, no sé si hay alguien en la sala que crea que puede hacerlo, pero es mejor que se vaya desengañando. No se puede.

Otra cosa es que uno deba dejarlo todo y dedicarse en cuerpo y alma a producir vasos de cristal irrompibles. No es necesario irse al otro extremo. No; soy consciente que muchas personas tienen una idea y quieren llevarla a la práctica, pero trabajan y necesitan el dinero que les pagan para sacar adelante una familia y pagar las facturas. Nadie le va a pedir que cometa la estupidez de irse de la empresa en esas circunstancias persiguiendo un sueño.

Sin embargo, lo que he expuesto antes sigue siendo válido. Antes de ponerse en marcha, hay que tener una idea (o más de una), diseñar un primer prototipo, probarlo, rectificarlo en lo que sea necesario, volverlo a probar, y así sucesivamente hasta que tengamos algo que pueda ponerse en el mercado.

Y eso requiere tiempo

El día tiene 24 horas… o más

Cuando uno persigue un sueño y está convencido de ello, no necesitará que nadie le empuje para dedicarle horas que uno le roba al sueño o al ocio. Yo mismo, para escribir los artículos que publico en este blog, utilizo horas tanto de la mañana, como de la tarde, como del fin de semana. Y lo hago la mar de contento, porque es lo que me gusta.

Al igual que yo, cualquier persona que quiera establecerse por su cuenta ha de asumir que, cuando llegue de trabajar (si es que es usted de los afortunados que tiene trabajo), empieza otra jornada laboral en la que se romperá las cejas tratando de resolver ese problema que ayer se le atragantó después de cenar y que no le ha dejado dormir.

Es más que probable que el sábado, mientras su hijo juega a fútbol en el pueblo de al lado o pasea con su mujer, esté dándole vueltas a una variante de su segundo prototipo. Es lo más normal, y por desgracia para su vida familiar quizá sea la única manera de hacerlo avanzar.

Velocidad de crucero

Lo que nos ha de quedar muy claro cuando ponemos algo en marcha es lo siguiente: el resultado será directamente proporcional a las horas que le dediquemos. Y en una relación exponencial. En realidad, es lo mismo que sucedería con cualquier otra faceta de nuestra vida. Si pasamos una hora con nuestros amigos, nuestra relación será más o menos cordial. Si pasamos un fin de semana entero, tal vez les enviemos a tomar viento o nos convirtamos en uña y carne, pero esa relación será mucho más compleja y llena de matices.

De la misma manera, si usted está pensando en construir una casa y le dedica una mañana a pensar qué ha de tener esa casa, se le ocurrirán una serie de ideas. Pero, si le dedica diez mañanas, no sólo se le ocurrirán más ideas, sino que encontrará relaciones entre esas ideas y todo el conjunto adquirirá una solidez mucho mayor.

Una empresa es exactamente igual. Si estamos desarrollando una nueva manera de limpiar ventanas en altura, podemos dedicarle una hora al día, o una tarde a la semana, y avanzaremos a razón de lo que podamos producir en ese tiempo. Si trabajamos una tarde a la semana, nunca cogeremos una rutina de trabajo y las ideas costarán más de llegar.

En cambio, si le dedicamos una hora cada día a pensar y a experimentar, quizá no avancemos tan rápido como haríamos dedicándole cinco de golpe, pero la rutina se instalará en nuestra vida, y será más fácil que nos vengan ideas nuevas y que detectemos errores y zonas de mejora.

Ha de quedarnos claro que establecernos por cuenta propia y desarrollar una idea que tengamos en mente es una carrera de fondo, llena de obstáculos y sin la menor garantía de éxito, pero con una recompensa inconmensurable si logramos llegar a la meta. Y, como toda carrera de fondo, se ha de recorrer con perseverancia, paso firme y ritmo constante. No necesariamente elevado, pero sí constante. Lo que en aviación se llama velocidad de crucero.

Sin ese plan de vuelo, lo más probable es que nos desanimemos y abandonemos, y será una lástima, porque quizá habíamos dado con una buena idea.

Andres Castro

ANDRÉS CASTRO

Escritor especializado en temas de marketing y emprendeduría. Colabora en Kenaria en la sección “Siguiente nivel

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