Diario de un escritor (0). No tengo tiempo para escribir

Hace tres años, tuve la fabulosa idea de complicarme la vida con mi tercera novela, que, si no me da por cambiarle el título por enésima vez, se llamará El rey del Somorrostro. Quise aprovechar mi experiencia laboral para explicarle al público, a través de la historia de un personaje ficticio, cómo se gestó el boom del ladrillo de principios de siglo, y cómo luego estalló en mil pedazos en nuestras narices.

Es un proyecto que he estado cuidando con mucho mimo, con la ayuda de tres profesores y una docena de compañeros del Ateneu Barcelonès, y que he estado compaginando con mi labor como arquitecto, la redacción de un libro a cuatro manos que desde octubre de 2015 está en varias librerías de España y Latinoamérica y la puesta en marcha de una tienda online de alimentos para personas con problemas alimentarios.

¿De dónde saco el tiempo para escribir?

La pregunta debería ser otra. ¿Quiero emplear parte de mi tiempo en escribir en lugar de hacer otras cosas?

Rotundamente sí.

Una de las mayores dificultades con la que tanto mis compañeros del Ateneu como yo nos hemos encontrado era compaginar nuestras vidas con el ritmo de entregas a los que nos han sometido. Un ritmo creciente, que este último año llegaba a las veinticinco páginas cada quince días, pero que yo me tomé como un reto y que me ha permitido recuperar sensaciones que, no nos engañemos, a veces se pierden por el camino.

Os confieso que, en más de una ocasión, se me hizo cuesta arriba enfrentarme a la tarea. Un mal día de trabajo, una mala noche, una agenda apretada o un imprevisto suelen pasar por delante del deseo de enfrascarse en esa trama en la que tantas horas has invertido. Aunque, precisamente por eso, porque la has visto nacer, crecer, multiplicarse y adquirir vida propia al mínimo descuido, en cuanto el trabajo se da un descanso, la agenda se desatasca y los imprevistos llaman a la puerta de al lado, enciendes el ordenador y te pones a escribir.

¿Por qué lo haces? En mi caso, te diré sencillamente que me encanra hacerlo. Me encanta crear historias, diseñar tramas más o menos complejas, dar vida a personajes que siempre se escapan de los límites que les pones. Si un personaje está feliz, yo sonrío mientras se lo cuento a la pantalla. Si está enfadado, mi estómago siente los latigazos. Si llora, puede que se me escape alguna lágrima. Y si está conduciendo y gira bruscamente para esquivar un gato que cruza la carretera, yo cambio las teclas por un volante imaginario y muevo mis manos como si la vida de ese animal dependiese de ello.

No sé escribir de otra manera. Y, en honor a la verdad, tampoco me apetece cambiarla. Si quieres que tus lectores disfruten con lo que haces, el primero que tiene que pasárselo en grande (o sufrir, según pida la trama) eres tú mismo.

¿Disfrutas escribiendo?

 

SIMÓN CASAS

Fundador del sitio web Kenaria, donde comparte su experiencia como escritor y ayuda a otras personas a dar forma a sus historias. Su último libro, co-escrito con el coach financiero Israel Pardo, se titula “Gana el juego del dinero”.

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