Diario de un escritor (2). Cambiando el personaje que dice algo importante

En el anterior post, os daba cuenta de los quebraderos de cabeza que me estaba (y me está) dando la decisión de suprimir uno de los personajes secundarios de la novela que estoy preparando. Esta semana, por puro azar, me he dedicado a ver las escenas que tengo justo por delante en el trabajo de aplicar la tijera, y lo que tengo son cinco escenas con una gran fuerza narrativa, pero también con un grave problema: podrían ser prescindibles.

Lo malo es que, después de mirármelas una segunda vez, he visto que la palabra podrían sobra en la frase.

¿Qué haces en este caso? Bien, si yo fuese una persona ordenada, sensata y todo eso, me hubiese dedicado a esas cinco escenas y a ver qué se puede aprovechar de ellas, porque hay cosas que se cuentan en ellas que son muy necesarias para el desarrollo de la historia y otras que, sin serlo tanto, me gustaría explicarle al lector que no conozca la trastienda del mundo del ladrillo.

En vez de eso, me he puesto a revisar la escena anterior porque, a pesar de lo que acabo de decir, soy una persona ordenada y aún me quedan unas cuantas páginas para llegar a ese punto, y he descubierto que podía sustituir un personaje puramente ambiental, que sólo aparece en ese momento, por uno de los secundarios importantes. En la escena quiero dar a entender que alguien se va a tomar la justicia por su mano como respuesta a un incendio provocado, y hacer que ese alguien sea un personaje que después ya hace de las suyas me permite varias cosas:

  1. Elimino un personaje creado expresamente para esa escena y sin más recorrido después.
  2. Presento el secundario importante y le dejo que apunte maneras.
  3. Justifico su comportamiento en otras escenas posteriores (al uso de Vito Corleone en El Padrino; después de la memorable escena inicial con el gato en el regazo, el personaje se explica solo).
  4. Gracias a esto, puedo eliminar parte de las escenas posteriores, ya que explican hechos parecidos al incendio. Con esto, elimino varios personajes ambientales más que había creado para introducir una subtrama que ocupará una tercera parte de lo que queda de trama y que no van a participar de ella.

Después de todo esto, podré hacer lo siguiente:

  1. Seguir con el borrado del personaje que decidí eliminar hace unas semanas.
  2. Eliminar las cinco escenas de las que hablaba un poco más arriba.
  3. Añadir escenas de la subtrama del protagonista que tenía en la primera versión de la escaleta, más otras relacionadas con una subtrama menos personal y más empresarial que, a pesar de la importancia que tendrá en el final de la historia, no aparecían hasta bastante más tarde.

Con todo esto, espero cumplir con la recomendación del maestro de la novela negra que me hizo notar que el peso del protagonista era poco y no despertaba suficiente interés.

La pregunta del millón es: con todos estos cambios, ¿conseguiré que mi protagonista tenga la suficiente entidad? Se admiten apuestas…

 

SIMÓN CASAS

Fundador del sitio web Kenaria, donde comparte su experiencia como escritor y ayuda a otras personas a dar forma a sus historias. Su último libro, co-escrito con el coach financiero Israel Pardo, se titula “Gana el juego del dinero”.

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