El poder de los arquitectos

Este post podría haber sido perfectamente parte del anterior, pero he preferido separarlos. Decir que un arquitecto tiene más poder que un político puede sonar presuntuoso, y quizá lo sea, pero me explicaré para defenderme.

Es muy posible que quien me lea sepa poco sobre arquitectura, y menos aún sobre los arquitectos. Es muy normal: como cualquier colectivo de artistas (o de presuntos artistas), las camarillas están a la orden del día, y suelen ser bastante autistas del mundo exterior. Sin embargo, todos, o casi todos, somos turistas en alguna parte del mundo y, cuando ejercemos como tales, una parte importante de los recuerdos que buscamos tienen formas pensadas por mentes humanas y esculpidas por manos humanas también. Digo más: seguro que prestamos atentos oídos al guía que nos explica la historia de esos edificios, y seguramente nos sorprenderá la antigüedad de muchos de ellos. Los arquitectos, por la suma de conocimientos a la que siempre les ha obligado su oficio, han sido desde antiguo una casta poderosa, en la que los grandes estadistas han confiado para llevar a cabo sus ambiciones de poder.

Me vienen a la cabeza ahora mismo, además del Eixample de Cerdà en Barcelona (ingeniero, por cierto), que sigue siendo vigente más de 150 años después de su creación, la arquitectura monumental de Albert Speer para el III Reich de Hitler, arquitecto frustrado por cierto, o el París de Hausmann, ligeramente anterior a Cerdà, y que condicionó el diseño de toda una ciudad con sus grandes avenidas radiales. Difícilmente se recordará, en este último caso, que Hausmann fue la mano y Napoleón III el estadista en la sombra que le dio carta blanca.

En muchos de los casos (salvo el de Hitler, por motivos que todos conocemos), esta es justamente la norma. Y la realidad se corresponde con el papel de unos y otros; el político elabora leyes y tiene visiones, pero ni unas ni otras son eternas, y todas son susceptibles de ser cambiadas en cuanto otro se sienta en ese sillón; mientras tanto, el arquitecto convierte las leyes y las visiones en espacios tangibles. Quizá no recordemos quién construyó los edificios de Florencia, pero esas presencias han marcado la vida de numerosas generaciones de ciudadanos que han paseado por sus calles.

Os contaré una experiencia personal: mi visita al castillo de Chambord, en el valle del Loire. Este castillo se construyó a mediados del s. XVI, y es una muestra tremenda del poder de una construcción.

Visto así, no parece demasiado imponente, ¿verdad? Quizá si os digo que el pináculo más alto está a 56 metros del suelo, penséis de otro modo… Bien, en cualquier caso, este castillo me viene de perlas para explicaros que su sola presencia es capaz de mover enormes masas de gente sólo para llenarse de su presencia. Sí, hablo de turismo; y a mucha gente le sorprendería saber las colas que encontramos el pasado verano para ver este y otros castillos de la zona. Un edificio bien diseñado, armónico con el entorno, que transmita unas ciertas emociones y confiera un determinado valor puede ser un gran dinamizador de comarcas enteras; me ha sorprendido saber la cantidad de personas que, antes que yo, los han visitado.

Otro caso de éxito: el museo Guggenheim de Bilbao. Cuando se inauguró, la ría de Bilbao era un lugar desastrado, lúgubre, abandonado, sin el menor atractivo. Diez años después, el aspecto de aquella zona ha cambiado por completo.

De la misma manera, un edificio mal diseñado, feo, inadecuado con su entorno, puede convertir un barrio o una ciudad en un lugar peor para vivir. Y lo peor, como el edificio ‘grapadora’ de la plaza de les Glòries de Barcelona, es que se quedará allí durante decenios, tal vez siglos, condicionando la vida de muchas personas, que se sentirán menos felices y creerán que su calidad de vida ha menguado.

¿Seguimos viendo al arquitecto como alguien sin poder de influencia en las vidas ajenas?

 

 

SIMÓN CASAS

Fundador del sitio web Kenaria, donde comparte su experiencia como escritor y ayuda a otras personas a dar forma a sus historias. Su último libro, co-escrito con el coach financiero Israel Pardo, se titula “Gana el juego del dinero”.

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