El Rey del Somorrostro. 2. Indiferencia

Marcel vuelve a mirar a un lado y al otro. Sólo ahora se da cuenta de que no hay nadie. Él, los dos vigilantes de la garita, y punto. La boca, seca por la falta de nicotina, construye una especie de media sonrisa irónica, mezcla de hastío y alivio. Cinco años antes, cuando entró en prisión, la explanada era un hervidero de furgonetas con logos de todo tipo, aprendices de periodista vestidos de cualquier manera y armados con cámaras, micros, grabadoras y cualquier otra cosa que sirviera para inmortalizar su llegada a los infiernos. No les bastó filmarle cada día entrando y saliendo del juzgado, ni decir todo tipo de estupideces sobre el caso, algunas de las cuales incluso eras ciertas.

No.

Tenían que servir en bandeja de plata su imagen, esposado igual que si fuese un criminal de la peor especie y custodiado por los Mossos como si fuera a cargarse un bus lleno de niños. Tenían que preguntarle naderías del tipo ¿por qué hizo todo esto? ¿Era consciente de que cometía un delito?

Las cosas no fueron muy diferentes cuando le dieron el primer permiso de fin de semana, después de tres años allí encerrado. La prensa se le echó encima como buitres sobre la carroña. En cambio, unos meses después, cuando recibió el segundo permiso, sólo encontró unos cuantos becarios, más preocupados por volver a casa a encender la calefacción que por sacarle alguna palabra. Cuatro preguntitas de mierda y punto.

Ahora, mil novecientos sesenta y tres días después, lo único que salía a recibirle era la indiferencia. Y el calor. Mucho calor.

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LOBO LÓPEZ

Escritor. Su proyecto más ambicioso, que comparte con los lectores del blog de kenaria.com, es #ElReyDelSomorrostro, una novela sobre la burbuja inmobiliaria de principios del siglo XXI.

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