El Rey del Somorrostro. 4. Un banco no tiene amigos

─ Vaya. Y tú te crees que allá en Barcelona son más guapos. Tú crees que es muy fácil coger y, ¡hala, venga!, levantar un bloque entero ─ y mientras hablaba, hacía gestos con las manos, como queriendo decir: sí, sí, tú ves haciendo, que ya te lo encontrarás.
─ A ver, papa, cabrones hay en todas partes, pero con la de gente que se ha puesto ahora a comprar pisos, muy mala pata será que nos toque uno.
─ Pero que te los encontrarás, hijo. A mí ya me han caído unos cuantos, y no se privan de nada. Mira, si hay uno que vive aquí detrás que me lleva la cabeza loco porque no hace más que decirme que quiere que le haga una casa allí donde está la carretera. Y para no oírlo, para no oírlo, fui con él un día al banco, porque decía que quería pedir un préstamo para no gastarse todo lo que tiene. ¿Pues te quieres creer que el director le dijo que ni hablar?
─ ¿Y eso por qué?
─ ¡Pues porque no tiene donde caerse muerto! Estuvieron una hora entera haciendo números, del derecho y del revés, y al final el del banco le dijo: pero hombre, Antonio, ¿cómo quieres que te demos casi nueve millones de pesetas si no tienes ni para pipas? ¿Te crees que vamos a correr nosotros todo el riesgo? Algo tendras que poner tú también, ¿no?
─ Pero ese hombre tendrá trabajo, tendrá el terreno, alguien que le avale …
─ Naaaada ─ replicó Albert mientras se acomodaba en la silla y reprimía un bostezo ─. Así mismo se lo dijo. Ya me imaginaba yo que le dirían que no, porque le conozco y va haciendo una chapucilla por aquí, otra por allá, pero se le ha metido en la cabeza lo de la casa y no ve nada más.
─ Muy bien, pero si le hubieran dado el dinero tú le habrías hecho la casa y te habrías dejado de cuentos.
─ ¿No me escuchas? Te estoy diciendo que trabaja un día y dos se está tocando las narices. ¿Con qué responde este hombre? ¿Con ladrillos?
─ ¿Y a ti qué más te da que te pague él o el banco?
─ ¡Ay, Marcel, si el banco se hiciera cargo de las facturas si ese hombre se queda sin un duro, vamos si le hacía yo la casa! Pero es que no se mojan, hijo. Mira, los de Mas Ram se encontraron con un follón de estos a mitad de una obra, cuando ya estaban terminando paredes y empezando a poner tubos. El hombre les dice que se ha quedado sin dinero y que el banco no quiere poner más. Ellos fueron al banco a ver qué pasaba, y resulta que el tipo tenía pendiente no se cuantas letras del préstamo, y como desde arriba se cabrearon, les dieron orden de cortar el grifo.
─ ¿Y cuánto les ha quedado a deber este tío?
─ Cerca de un millón de pesetas. Que no es mucho, porque eso ellos lo recuperan en una semana, pero el banco no tiene amigos, hijo mío. En cuanto te dan el dinero, lo único que quieren es que se lo devuelvas. Y si no, te hacen las mil y una hasta que cobran. Eso sí, después no vayas tú a reclamar nada, porque hacen así ─ dijo, levantando las manos igual que un cura ─ y se quedan tan anchos.

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LOBO LÓPEZ

Escritor. Su proyecto más ambicioso, que comparte con los lectores del blog de kenaria.com, es #ElReyDelSomorrostro, una novela sobre la burbuja inmobiliaria de principios del siglo XXI.

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