Gana el juego del dinero (12). La sociedad actual de consumo

Tengo que controlarme cuando salgo, porque a la mínima me encuentro comprando cosas que luego no me hacen falta. Sobre todo ropa. Es que es entrar en un Zara o en un C&A y no me puedo estar de llevarme algo. Te lo ponen todo tan bien puestecito y con esos precios tan tirados, y es que te miras y te sientes otra persona con ropa nueva. Y sales con otro afán de la tienda, más contento, más relajado… hasta que llegas a casa, te miras la bolsa y dices ¿pero esto para qué demonios me lo he comprado?

Tengo que hacer algo YA.

 

A todos nos ha pasado unas cuantas veces algo como esto. Y a algunos, quizá con demasiada frecuencia. Por si te sirve de consuelo, te diré que la culpa no es enteramente tuya, pero no pienses que se la voy a echar a ese sistema etéreo del que todo el mundo habla como si fuese el mismo demonio. En realidad, este afán por consumir, por tener de todo y en cantidad es uno de los muchos peajes que tenemos que pagar por la manera en que hemos configurado la sociedad en la que vivimos.

Esa sociedad está pensada para facilitarnos las cosas todo lo posible. No hay más que ver todo lo que tenemos al alcance de la mano a cambio de unos billetes: comida, ropa, luz, agua… No tenemos que salir a cazar las vacas y los pollos que nos comemos, o deslomarnos recogiendo el trigo, moliéndolo y horneando el pan que nos comemos.

Claro, la contrapartida a todas esas facilidades es la necesidad de ganar el dinero con el que las pagamos, porque ya dijimos que criar un animal o cultivar una planta con que alimentarnos supone un esfuerzo en tiempo y en energía, y quien lo hace espera una recompensa por ello.

Y, ¿cómo es esa sociedad de consumo? Voy a explicarte brevemente cuáles son sus rasgos más definitorios:

  1. Nunca es suficiente. Tienes todo lo que quieras al alcance de tu mano y de tu bolsillo, así que no hace falta que te prives de nada. Aunque eso suponga tirarlo al cabo de unos meses porque ha salido algo más nuevo y mejor.
  2. Deuda. Un modelo de vida en el que nunca es suficiente hace que, cuando no puedes conseguir la tele de plasma, caigas en la trampa de pedir el dinero prestado.
  3. Estrés. Para mantener el ritmo de gasto de requiere este tipo de vida, tienes que trabajar más horas, más duro y aguantar más presiones para no perder el trabajo y morir económicamente.
  4. La carrera de la rata. El ritmo de vida de mucha gente atrapada en la dinámica de los tres puntos anteriores les obliga a trabajar como locos para ganar más dinero, pero tal como entra se va, y entonces tienen que seguir trabajando más y más horas, sin que su situación mejore.
  5. Insatisfacción en quienes se dejan atrapar por la sociedad de consumo, que puede tomar la forma del estrés, la de la ansiedad o incluso la depresión por culpa de la frustración que genera el no poder llegar a ese nirvana que todos nos prometen.
  6. CompetitividadTodos competimos por todo. Por el trabajo, por el descanso, por las vacaciones, por la casa, por el coche, por las parejas… Y claro, como nunca es suficiente, nos estresamos y corremos como ratas, y nos sentimos insatisfechos sea cual sea el resultado.
  7. Soledad. Nos cuesta confiar en la gente porque no vemos más que competidores potenciales.  Cualquiera puede quitarnos el trabajo, la novia, tener un coche o una casa mejores, y eso es algo que no podemos soportar porque somos competitivos. Eso nos lleva, incluso, a no tener amigos en el trabajo, porque todos pueden quitarnos el puesto.
  8. Insensibilidad. Nos volvemos insensibles a lo que nos rodea, y el orden de nuestras prioridades ha dado un vuelco sorprendente. Es más probable que llamemos a los bomberos porque se está quemando un coche que no a una ambulancia porque alguien se ha desmayado en plena calle.
  9. Vacío. Al poner las cosas por delante de las personas, lo que estamos haciendo es volvernos huecos por dentro. No situamos las relaciones humanas en el centro de nuestras vidas. El ser humano necesita la relación con los demás. Algunos se sienten invisibles, porque los demás ni siquiera parecen verles, y esos demás forman parte de su entorno. No son extraños.
  10. Despilfarro. Alimentar esta espiral exige una cantidad de recursos que el planeta ya no puede reponer. Desde hace unos años, vivimos en lo que se llama deuda ecológica con el planeta. Y eso no quiere decir más que consumimos los recursos naturales más deprisa de lo que éstos se regeneran.

Conocer estos rasgos es necesario para mejorar nuestra relación con el dinero y alcanzar la libertad financiera.

Esto es sólo parte de un proyecto mucho más grande, titulado Gana el juego del dinero, y en el que Israel Pardo y yo enseñamos cómo gestionar las finanzas personales y hacer crecer tu dinero. Tu objetivo puede parecer inalcanzable, pero con nuestra ayuda te será más fácil llegar. Entra aquí para conseguirlo.

 

SIMÓN CASAS

Fundador del sitio web Kenaria, donde comparte su experiencia como escritor y ayuda a otras personas a dar forma a sus historias. Su último libro, co-escrito con el coach financiero Israel Pardo, se titula “Gana el juego del dinero”.

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