Las últimas gotas de sangre de la guerra

Escribí estos versos en 1994, en plena guerra de Yugoslavia y en plena vergüenza por la actitud pasiva de Europa ante la matanza que se estaba perpetrando en su territorio. Los escribí con la esperanza de no volver a ver nunca un horror semejante, pero la realidad es bastante más terca, y allí donde pone Hercegovina podría poner Siria o cualquier otro país en conflicto y seguirían siendo válidos.

Por desgracia, aquellas no fueron las últimas gotas de sangre de la guerra.

Han cesado los ruidos de la guadaña.
¿Realmente todo ha terminado
o es sólo un alto en el camino
que se ha tomado la muerte infiel
para emprender con nuevos bríos su marcha?

Ha dejado de manar la sangre.
¿Realmente se han cerrado las heridas
o es sólo un parche de emergencia
que tapa los poros del desaliento
mientras la conciencia duerme la siesta?

Quisiera creer que todo es mentira,
que nada de todo esto ha sucedido.
Quisiera creer, madre tierra,
que ya no volverán a rasgar tu piel.
Quisiera creer que de tus venas brotaron
las últimas gotas de sangre de la guerra.

Quisiera que tus hijos, Herzegovina,
fuesen las últimas víctimas del odio
que enciende el corazón y quema los ojos.
Quisiera que tus lágrimas, madre tierra,
fuesen las últimas de madre que hunde el pecho
entre las fauces del desconsuelo.

Quisiera creer que de tus venas brotaron
las últimas gotas de sangre de la guerra.

 

SIMÓN CASAS

Fundador del sitio web Kenaria, donde comparte su experiencia como escritor y ayuda a otras personas a dar forma a sus historias. Su último libro, co-escrito con el coach financiero Israel Pardo, se titula “Gana el juego del dinero”.

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