Menos crédito; más inversión (y 2)

Siguiendo con el artículo anterior, creo firmemente que es el momento de fomentar que el capital privado entre en la empresa nacional, sea cual sea su tamaño y sector.

¿Por qué? En primer lugar, el capital privado no tiene una mentalidad tan enconadamente monetarista. Para un banco, prestar dinero es puramente cuestión de números: me pides 100 y me has de devolver 120 de aquí a un año. Fin de la historia. Para un capital privado, existen más factores: en qué sector, con qué perspectivas de negocio, con qué capital humano, con qué planes de futuro… y por supuesto, son conscientes de que quizá no recuperen toda la inversión, o incluso que pierdan el dinero.

Segundo; precisamente porque son conscientes de ese riesgo, su nivel de implicación será mucho mayor. No se limitarán a llamar a la puerta el día 1 pidiendo lo que se acordó. De acuerdo que, a cambio, ese inversor querrá tener su parte en la empresa y que nos lo encontraremos hasta en la sopa, pero más de una vez lo agradeceremos.

Tercero; se implicarán porque conocen el sector en el que entran, y ese plus no lo dará ningún banco. Nos ofrecerán consejos, nos orientarán, pondrán en nuestras manos contactos con los que ni siquiera habríamos soñado… vale, de acuerdo, lo harán para recuperar su inversión, pero ¿acaso no lo haría usted en su lugar?

Un inversor privado es más difícil de encontrar que un banco; no tienen local físico a pie de calle, ni figuran en el listín telefónico, y las leyes no son especialmente generosas para fomentar su aparición. Pero, en estos tiempos de crisis, cobra más fuerza que nunca la ley de las tres F para emprender: familiy, friends and fools. Y el capital privado, como fool, es ahora mismo una buena alternativa al canal tradicional.

 

SIMÓN CASAS

Fundador del sitio web Kenaria, donde comparte su experiencia como escritor y ayuda a otras personas a dar forma a sus historias. Su último libro, co-escrito con el coach financiero Israel Pardo, se titula “Gana el juego del dinero”.

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