Nada en la nevera

Imaginemos la situación: tenemos 500 euros para hacer la compra mensual el día 1 de cada mes. Una vez hecha la compra, no podemos gastarnos ni un céntimo de más hasta el siguiente día 1. A partir de aquí, uno puede elegir lo que hace ante la nevera llena. Podemos ir comiendo un poco cada día, procurando dejar algo comestible para el día 31, o bien ir comiendo lo que nos apetezca hasta quedar llenos.

Hago este símil porque hoy he visto una serie de imágenes aéreas de ensanches urbanos de algunas ciudades españolas que se iniciaron en los años ‘locos’ del boom inmobiliario. El título del artículo (traducido al castellano, ‘ciudades fantasma españolas’, es suficientemente explícito, y los datos sobre lo que se ha hecho, las previsiones de ocupación de vivienda y la realidad, demoledores.

Recuperando la historia de la nevera y los 500 euros, aquí podría decirse que el dueño de la nevera ha decidido ‘zamparse’ todo lo que encontraba, sin importarle demasiado que el día 10 del mes lo único que ha quedado en la nevera son las telarañas… y que hasta el día 1 del mes siguiente no tendrá otros 500 euros para volver a llenarla.

En el urbanismo de la última década, ha sucedido algo similar; la falta de planificación en el mejor de los casos y el afán recaudatorio en los demás ha hecho que se acometieran planes de expansión urbana desmesurados. En próximos posts desarrollaré con más detalle mi análisis, pero de momento apunto lo que ya puede intuirse en la foto: una fe infinita en el progreso y en el ladrillo como valor especulativo que nunca perderá su valor.

Volviendo al símil de la nevera, apuntaré sólo un dato más: muchos ayuntamientos han olvidado que el suelo es un bien finito. Puede parecer una perogrullada, pero los planes urbanísticos se redactan, precisamente, para gestionar correctamente el crecimiento de las ciudades. Y el gran error ha sido no poner límites al ritmo de construcción, unido a las alegrías del crédito bancario, que nos ha hecho creer que éramos ricos cuando lo único que tenemos son deudas. Todo esto hizo que los ayuntamientos dejasen hacer, encantados (¡y quién no!) con la entrada de dinero procedente de las licencias de obras y de los impuestos sobre las viviendas ya terminadas. Pero (¡ay!) la realidad se ha impuesto, ¿y cuál es? Pues la que puede verse en fotos como la que os muestro en este post: un barrio entero surgido de la nada… y sin apenas construcciones.

Nadie ha pensado que estas nuevas viviendas necesitarían comercios, colegios, parques… Y así, si alguien decide venirse a vivir aquí porque es más barato o el sitio es más tranquilo, tendrá que usar el coche hasta para ir a buscar el pan.

Nadie ha pensado en empezar a construir por la parte más cercana al núcleo urbano consolidado, que es lo que solía hacerse en otras épocas menos locas. Así, al menos, ya que hay que andar para ir a buscar el pan, que no sea mucho rato.

Nadie ha pensado, en resumen, en gestionar poco a poco el enorme patrimonio que supone para muchos ayuntamientos el suelo del que disponen, sobre todo aquellos que tienen espacio alrededor del núcleo urbano para crecer (en ciudades como Barcelona, esa opción no existe porque está encajonada). Es como el glotón de la nevera al principio del post: se ha puesto todo el suelo en circulación sin una mínima planificación, y si bien nadie se pone de acuerdo en cuántas viviendas nuevas están sin vender, las cifras marean. Y las previsiones también: la mayoría de estimaciones se apuntan a un período de ‘digestión’ del stock de entre 10 y 15 años. Y, mientras esto no se digiera, no se podrán hacer nuevas viviendas para resolver una demanda que, es cierto, existe, pero no puede acceder a los precios que deberían pagarse para permitir que quienes se dedican a construir no pierdan dinero.

En próximos posts, me extenderé sobre estos y otros temas. Espero encontraros y recibiré gustoso vuestros comentarios y sugerencias.

 

SIMÓN CASAS

Fundador del sitio web Kenaria, donde comparte su experiencia como escritor y ayuda a otras personas a dar forma a sus historias. Su último libro, co-escrito con el coach financiero Israel Pardo, se titula “Gana el juego del dinero”.

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