Ni nazis ni yihadistas

Desde hace unas cuantas semanas, parece que se ha desatado una particular fiebre por la historia comparada. Y, ¿casualidad?, Catalunya aparece siempre en uno de los lados de la balanza. Como quiera que ya empiezan a ser legión quienes opinan, y algunos lo hacen con una ligereza que raya en lo temerario, voy a permitirme poner mi granito de arena en este asunto.

Porque, leyendo o escuchando algunas de esas opiniones, tiendo a pensar una de las dos siguientes cosas: o bien quienes las emiten no tienen la menor idea de historia o, sabiéndolo, la utilizan como arma arrojadiza para desacreditar una opción a la que no pueden combatir con ningún otro argumento. Quiero pensar que es lo primero, porque lo segundo, me vais a perdonar, me parece de una mala fe escandalosa.

Acerca de la comparación con el nazismo, y antes de seguir, quiero recordar que, por bastante menos de lo que aquí se dice impunemente, en otros países de esa Europa a la que todos queremos pertenecer cuando nos interesa, a la gente se le hace caer de su pedestal. Sin contemplaciones. Sólo hay que recordar casos como el del diseñador John Galliano; ni su borrachera le redimió. Ni las posteriores disculpas le sirvieron para que la casa Dior le echase sin contemplaciones. Aquí, los columnistas y políticos que comparan el independentismo catalán con el nazismo obtienen horas y horas de notoriedad mediática e incluso el aplauso de algunos.

España no es diferente; es única.

Dicho esto, me voy a permitir señalar aquí algunos rasgos característicos de ese nazismo con el que parece nos hemos de identificar tanto en Catalunya:

– El nazismo se gestó desde arriba, a partir de las ideas de un grupo de gente que logró hacerse legítimamente con el poder. El independentismo catalán se basa en una tradición de siglos con un fuerte arraigo en la población de a pie.

– El nazismo como ideología despreció profundamente la democracia desde un primer momento. Prueba de ello es que, una vez instalado en el poder, convirtió Alemania en una dictadura.

– Uno de los grandes objetivos del nazismo fue la eliminación sistemática de toda etnia que no fuese la que ellos consideraban ‘pura’, llegando a la muerte física de varios millones de personas para conseguirlo. El caso más conocido es el de los judíos, pero tampoco se libraron ni los eslavos, ni los comunistas, ni los homosexuales, ni tampoco algunas religiones.

– Su ambición desmedida llegó al extremo de anexionar a su territorio, por este orden y antes del estallido de la II Guerra Mundial, la Renania francesa, Austria, Checoslovaquia y Polonia. Salvo en este último caso, apenas encontraron resistencia por parte de Inglaterra y Francia, como tampoco en la activa colaboración con el Alzamiento militar de Franco de 1936, que dio origen a la Guerra Civil española.

Tampoco es poca cosa la comparación que se hace entre el independentismo catalán y el yihadismo. Básicamente, porque el fondo de esta segunda comparación es como el primero: hablamos de grupos capaces de asesinar para conseguir sus objetivos, y que utilizan la religión como excusa para esconder sus verdaderas intenciones, manchando de paso a la gram mayoría de musulmanes, que no tienen la menor culpa.

Porque comparar a las familias que fueron al concierto del Camp Nou con asesinos en potencia es pura y simple mala leche y afán de enfrentar a los pueblos. Sólo así se entiende que se digan cosas como Cuando tienes a 90.000 personas dispuestas a sacrificar un sábado en un campo de fútbol para escuchar a Dyango y Peret, pero ante todo a Ramoncín y Paco Ibáñez, estás cerca ya de la fase de reclutamiento de comandos suicidas para la conquista del harén particular de vírgenes en el Mas Allá. ¿Pero qué clase de persona es capaz de pasarse por el forro no la historia, sino el sentido común más elemental, y decir semejante barbaridad de familias normales y corrientes? O no se da cuenta de que el independentismo es un sentimiento que abarca a todos los estamentos de la sociedad catalana, o sencillamente se ha vuelto loco y pretende que vuelvan los tiempos del brazo en alto y el cara al sol.

Eso por no hablar de la sensibilidad herida de ciertos españoles. De unos nacionalistas vascos que asesinaban y querían ser premiados por dejar de hacerlo. Y unos nacionalistas catalanes que querían ser doblemente premiados por no matarnos a los demás. ¿Tienes pruebas de lo que dices? ¿Conoces algún militante de partido político catalán que haya empuñado un arma con intención de matar a alguien por cuestiones ideológicas? Si es así, denúncialo en un juzgado. Si no, mejor cállate.

Artículos como este, lo confieso, me hacen perder la fe en una parte de España. En esa parte que cree que las leyes humanas son inmutables y olvidan, por ejemplo, que la Constitución que defienden con tanta vehemencia no existió hasta 1978 y que, antes, la democracia era sencillamente ilegal. Que incluso los diez mandamientos que Dios legó a Moisés fueron creados en un determinado momento y que antes no existían y, en resumen, que toda ley creada por los humanos no es sino una convención y que, por tanto, se puede cambiar si así se acuerda.

Me hacen perder la fe en esa parte de España que señala a los demás como fundamentalistas ideológicos de unas ideas y unas tradiciones que no entienden, cuando en realidad ellos se comportan igual o incluso peor de lo que denuncian en los demás. ¿Cómo si no se empeñan en declarar la presunta fiesta de los toros como Bien de Interés Cultural después de que se prohibiesen en Catalunya por pura sensibilidad hacia un animal al que se tortura cruelmente hasta que muere? No se hizo esto mismo cuando se prohibieron en Canarias hace más de veinte años…

Me hacen perder la fe en esa parte de España que critica a los que, según ellos, pretenden imponer su lengua y sus costumbres, cuando el régimen franquista decía en sus libros de texto que sólo se hablaba una lengua en todo el país, el castellano, olvidando todas las demás. Y para quien dude acerca de esto, que busque el libro ‘Así quiero ser’, publicado por HIjos de Santiago Rodríguez en 1940… si es que es capaz de leerlo. Eso es adoctrinamiento. Eso, y las palabras del ministro Wert pretendiendo españolizar a los niños catalanes, como en tiempos de Franco. Como si aquí no se supiese hablar en castellano; como si en el informe PISA no quedase claro que los alumnos catalanes saben tan bien el castellano como el resto, o puede que más. Como si aquí no se pudiese hablar en las dos lenguas en una misma conversación, y que todos se entiendan. Porque nos entendemos todos.

Me hacen perder la fe, en resumen, en una parte de España que no sólo no es capaz de entender lo que lleva pasando en Catalunya desde hace décadas, sino que es capaz de hacerse la ofendida y esgrimir una presunta insensibilidad hacia los sentimientos de españolidad de muchos de los que aquí viven, cuando en muchos casos ha sido justamente al revés. Y esto lo dice alguien que, durante muchos años, vivió y pensó de esa misma manera y, con el paso de los años, ha visto que la realidad era diferente. Y que se indigna leyendo y oyendo a políticos (que se supone son las mentes mejor preparadas del país) y periodistas (que se supone son las mentes mejor informadas del país) manejar la historia y los hechos con una ligereza que a ratos deviene estupidez, a ratos ignorancia y a ratos, por desgracia, mala leche intencionada.

A todos ellos quiero pedirles desde aquí una sola cosa: que dejen de tocarnos las narices. Y que, si de verdad creen que Catalunya debe seguir formando parte de España, que usen otros argumentos. Porque estos no sólo son falsos; además, logran que se vuelvan a crear dos Españas.

A la gente de a pie, a la que tiene que vivir con lo justo mientras algunos de aquellos se llenan los bolsillos aprovechando su situación de priviliegio, sólo les pido una cosa: que investiguen lo que les cuentan y que comprueben si es cierto. Porque, si se lo creen sin más, están dándoles la razón… y luego, cuando necesiten que alguien les solucione los problemas, les dejarán de lado. Como ya están haciendo ahora.

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LOBO LÓPEZ

Escritor. Su proyecto más ambicioso, que comparte con los lectores del blog de kenaria.com, es #ElReyDelSomorrostro, una novela sobre la burbuja inmobiliaria de principios del siglo XXI.

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