Re-styling

Los tiempos de crisis son siempre duros, y en esta que nos ha tocado vivir esa dureza es aún mayor. Tal vez por eso, el viejo adagio ‘renovarse o morir’ adquiere aún más vigencia. Y tal vez por eso, este boletín se somete a él con tan poca existencia.
Consciente de que la realidad cambia y de que el conocimiento es cada vez más importante para sobrevivir, desde el primer momento me he tomado la tarea de recopilar la información que podéis ver como una oportunidad de saber más y de ampliar los horizontes viendo, meditando y comentando lo que otros hacen. Y recordando algo que los sufridos estudiantes de arquitectura aprendemos en la facultad, a veces a fuerza de calabazas: que, delante de un mismo problema, diez personas ofrecerán diez soluciones diferentes.
Y ése ha de ser, precisamente, el valor añadido que los arquitectos hemos de aportar en una época como la actual, en la que los grandes encargos casi se han volatilizado, los medianos escasean y los pequeños se escurren como anguilas: ofrecer soluciones, anteponiendo la calidad del servicio y el rigor técnico a la quita en los honorarios, algo que influye muy poco en la cuenta final de gastos de nuestros potenciales clientes, pero mucho en nuestra cuenta de ingresos.
Sigo aquí el hilo de un debate entre compañeros de profesión en la red profesional LinkedIn, que se inició casi como una pregunta al sol y se ha convertido en uno de los más activos, y en el que las opiniones sobre la profesión, los clientes, los honorarios y la ética profesional iban y venían como las trincheras en la guerra. Para mi desconsuelo, el debate viraba demasiadas veces hacia la autocompasión y una curiosa forma de ceguera que los arquitectos, en tanto que formados como técnicos y artistas, sufrimos. A saber: una falta total de mentalidad empresarial, defecto que otros gremios más inteligentes no sufren, porque tienen asumido que su trabajo tiene un precio. ¿A algún médico se le ocurre no cobrar por una analítica que solicite  para determinar si un paciente que viene a su consulta sufre de anemia?


Digo esto porque, acostumbrados a que los clientes vengan con un cheque en blanco entre los dientes, el paso a la selva de salir a buscarlos ha provocado que muchos compañeros, acuciados por una estructura empresarial que pide de comer aunque no haya nada en la nevera, optan por la huida hacia adelante, pretendiendo competir únicamente en precio sin darse cuenta de que el cliente percibe esa angustia enseguida, y puede acontecer que quiera aprovecharse de ello, con el consiguiente perjuicio para el profesional y para el colectivo, puesto que una merma en los honorarios lleva a una merma en la calidad del servicio, y las consecuencias de desprestigio a nivel gremial son demoledoras. Y, así como la caída es rápida y dura, remontar es un camino en cuesta hacia arriba, lento, duro y cansado. Y que no sea lo peor llegar a la cima y ver que otros más listos y más mentalizados como empresarios hayan ocupado los mejores puestos en la meta.

 

SIMÓN CASAS

Fundador del sitio web Kenaria, donde comparte su experiencia como escritor y ayuda a otras personas a dar forma a sus historias. Su último libro, co-escrito con el coach financiero Israel Pardo, se titula “Gana el juego del dinero”.

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