Renovarse o morir (2ª parte). Ideas para arquitectos en crisis

Ayer hablamos en este blog sobre algunas alternativas que tienen los arquitectos individuales para seguir ejerciendo su vocación en estos tiempos de crisis, o al menos para capear económicamente el temporal mientras llegan tiempos mejores.

Hoy, me gustaría comentar algunas ideas que pueden ayudar a pequeños despachos a remontar una situación que dura más de cinco años, y que quizá aún se alargue alguno más:

Rehabilitación. Este apartado es común al de los profesionales individuales, pero teniendo en cuenta que un despacho de mayor tamaño, por su propia configuración, puede acometer obras de mayor tamaño, de más piezas/viviendas, o incluso, si los contactos de antaño aún se mantienen, simultanear más de un encargo.

Arquitectura efímera. Por poner unos cuantos ejemplos: escenografías complejas para obras de teatro; decorados de cine; exposiciones temporales; y un campo verdaderamente goloso: los stands de ferias. Las empresas potentes de cualquier sector, cuando van a una feria de muestras, buscan espacios de diseño potente, que muchas veces requieren de alardes estructurales que no pueden resolverse con un diseñador gráfico y una cuadrilla de trabajadores, sino que requieren de un técnico que pueda certificar, por poner un caso, una estructura colgada o un voladizo. Y ése es campo abonado para los arquitectos.

Mantenimiento de espacios. No sólo sabemos crear lugares para la vida; también conocemos cómo funciona, y nuestra formación incluye numerosas herramientas de gestión; de hecho, asumir la dirección de una obra supone la gestión de recursos materiales y económicos y de personas. Por lo tanto, mantener edificios desde el punto de vista técnico no debería ser ningún imposible para nosotros.

Cabezas de puente de despachos internacionales. Todos conocemos los nombres de Foster, Rogers, Nouvel… Son arquitectos de renombre mundial y han dejado obras icónicas en nuestro país (quizá la estética de alguna sea discutible, pero desde luego son referencia obligada para muchos turistas). Sin embargo, pocos conocen estudios como b720 o Alonso y Balaguer; pero son los despachos de arquitectos, muy potentes por cierto, que han llevado estas obras sobre el terreno.

Vale, quizá puedan contarse con los dedos de una mano los despachos nacionales que puedan acceder a este tipo de oportunidades. Pero no es menos cierto que, a un nivel más modesto, se pueden establecer contactos con despachos extranjeros y convertirse en su representante en España. Las oficinas de internacionalización de los Colegios de Arquitectos pueden ayudarnos con el papeleo, y tienen establecidos convenios con sus homólogos en otros países, lo que puede ayudar enormemente en esta labor.

Las energías renovables. Es una tendencia claramente al alza, sobre todo si se une a la ecología, y muy a pesar de los continuos palos que el Estado pone en las ruedas en forma de retirada de subvenciones y otras lindezas. Más allá de este pero, el sector de renovables es otro campo en el que nuestra formación puede ser determinante; ayudar al ahorro de energía en las viviendas (algo que entronca con el certificado de eficiencia energética comentado ayer); incorporar mejorar que la hagan más eficiente; mejorar el consumo; las áreas de actuación son infinitas, y las oportunidades también.

Comerciales inmobiliarios. Quizá no sea ésta la mejor opción por la preparación académica, pero en cambio cualquier arquitecto con un mínimo de experiencia desarrollando proyectos de vivienda sabe, con sólo echar un vistazo a un plano o entrar en un piso, si éste es buen producto o no para la venta. Para cualquier empresa que busque afinar a la hora de gestionar una cartera de inmuebles en venta o alquiler, esta capacidad puede ser muy importante para evitar cargarse con productos de difícil salida.

Es también una actividad que el arquitecto individual puede desarrollar por sí mismo, aunque en este caso lo más usual es que se integre en alguna de las muchas enseñas que se dedican profesionalmente. En cambio, el despacho de arquitectura puede, por su propia estructura, hacerse cargo de esta labor de manera autónoma.

Son sólo algunas ideas. Evidentemente, tanto para el profesional en solitario como para la empresa hay muchas más. Lo importante, en mi opinión, es lo siguiente:

  1. No cerrar la puerta a ningún modelo de negocio que pueda entroncar, ya sea de manera directa o indirecta, con nuestros conocimientos. Yo me he convertido en escritor, pero existen casos de despachos profesionales que se han reconvertido en empresas puras y duras, llegando a gestionar supermercados de los de toda la vida.
  2. Olvidar prejuicios. Durante un breve período de mi vida, tuve que levantarme a las cuatro de la madrugada para hacer de mozo no cualificado. Es un caso quizá un poco extremo, pero existen cada vez más arquitectos que se ven obligados a acudir a Cáritas.
  3. Valorar nuestros puntos fuertes. Saber proyectar o calcular una estructura compleja está muy bien, pero ¿sólo sabemos hacer eso? Quizá hemos adquirido herramientas de gestión durante nuestra vida laboral, o tenemos una vocación oculta. Tal vez sea un buen momento para dedicarle tiempo y esfuerzo.
  4. Vendernos. En la universidad, no nos enseñan a valorar la búsqueda de clientes. Parece que les da grima. En cambio, el ejercicio real de la profesión requiere de dotes comerciales o, al menos, de relación con el mercado. A mí no me gusta la venta como concepto en frío, pero reconozco que es imprescindible saber venderse, y hacerlo en el buen sentido. Es decir, hemos de tener muy claro que los clientes ya no vendrán a buscarnos, sino que hemos de ir nosotros a por ellos. Como en cualquier otra rama de actividad.

Mañana, hablaremos de las causas que han llevado a esta situación al colectivo de arquitectos. Porque, en más de una ocasión, me he encontrado con personas incapaces de creer que no nos hayamos convertido en millonarios con la de grúas que hubo en danza por la península.

Les confesaré un secreto: si yo no conociese el sector, tampoco lo creería. Mañana les cuento cuál fue la realidad del colectivo en los años de la burbuja…

 

SIMÓN CASAS

Fundador del sitio web Kenaria, donde comparte su experiencia como escritor y ayuda a otras personas a dar forma a sus historias. Su último libro, co-escrito con el coach financiero Israel Pardo, se titula “Gana el juego del dinero”.

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