Sentido común (el menos común de los sentidos)

Hace ya unos días que se publicó, pero aprovecho este post para recomendar encarecidamente la contra que La Vanguardia dedicó a Kenneth Frampton. La vieja sabiduría (80 años le contemplan) adquiere más importancia en estos tiempos convulsos en que todo se ha hecho de espaldas al planeta, y con independencia de la lectura de todo el artículo, que vuelvo a recomendar para todos, me gustaría destacar aquí algunas frases que resumen su ideario (y el mío, que ya conocéis de otros posts):

‘Lo que hemos estado construyendo era consumir sin sentido territorio y recursos. Se apropiaron de magníficos paisajes eternos como si fuera posible y coherente comprarlos y venderlos y los transformaron en una mediocre extensión de su soberbia: poniendo las piscinas en medio de las playas hasta que todas parecían la misma’

‘Se puede vivir en el paisaje sin pisotearlo, formando parte de él y compartiéndolo con otros seres humanos’

‘Ya no hay espacios abiertos por ocupar y todo está mal que bien urbanizado. Ahora sólo nos queda lo que Solà Morales llamaba “acupuntura urbana”: intervenir en puntos concretos de la trama de las ciudades’

‘Si no les enseñamos también a respetar el medio ambiente, maximizarán beneficios y minimizarán el planeta. Serán tan estúpidos que dejarán en herencia a sus hijos un montón de ladrillos en un erial atravesado por ríos de basura’

‘Le daré un ejemplo de ciudad maximizada por el capitalismo de Estado: Shanghai. Es un horror de edificios sin alma ni sentido. Sólo tienen cantidad: se distinguen por su altura. Se trata de que tengan más metros de altura que el anterior. Son aburridísimos y dejan esos huecos deprimentes… Una pesadilla para vivir’

La receta que pide el honorable señor Frampton es muy simple: sentido común (el que menciono en el título). El progreso y la evolución siempre son bienvenidos, pero durante este principio de siglo hemos cometido una serie de errores que, sumados, han dado como resultado la crisis de la que aquí aún no hemos salido. A riesgo de repetirme, porque ya los he comentado en posts anteriores, haré una lista de estos errores:

· Hemos dejado la iniciativa urbana en manos de la promoción privada, y las instituciones públicas no han ejercido un control suficiente para evitar sus excesos

· Hemos (y aquí me incluyo) permitido que la arquitectura icónica nos deslumbre y pase por delante de propuestas más respetuosas con el entorno; el resultado ha sido una variopinta colección de edificios de dudosa estética y difícil integración en su entorno

· Hemos cometido la estupidez de pensar que la evolución humana sólo discurre en un sentido; un ejemplo claro de esto es la conocida frase ‘el valor de la piedra nunca bajará’

· Los bancos han ‘reventado’ el sector concediendo hipotecas de manera indiscriminada para compensar la pérdida de márgenes derivada de las bajadas de los tipos de interés. Tasaciones sobrevaloradas, créditos asociados sin control, falta de avalistas, nóminas insuficientes siquiera para cubrir los meses de carencia…

· Pero el error más importante de todos, el que ha marcado la verdadera diferencia con respecto a lo sucedido en otros países, es que, en España, el dinero que se repartía a manos llenas desde los bancos VINO DEL EXTRANJERO. Sólo así se puede entender que los bancos se nieguen a abrir el crédito para pymes, autónomos y particulares; sencillamente, ellos están igual o quizá peor

El resumen de todo es bastante siniestro: la obra de estos años, para bien y para mal, llenará nuestras calles, plazas, montañas y costas durante los próximos cien años. En Barcelona, los desmanes urbanísticos de la época franquista (sobre todo en el Eixample, con la remonta de ático y sobreático) se ven por doquier, y con bastante buena salud. Preparémonos pues para seguir viendo por muchos años la ‘grapadora’ de la plaza de les Glòries, que será aún más chistosa cuando quiten el nudo viario sobre el que mira, o los rascacielos del Front Marítim; después del esfuerzo que supuso ganar el mar en el año 92, hacemos esto…

 

SIMÓN CASAS

Fundador del sitio web Kenaria, donde comparte su experiencia como escritor y ayuda a otras personas a dar forma a sus historias. Su último libro, co-escrito con el coach financiero Israel Pardo, se titula “Gana el juego del dinero”.

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