Volver a empezar

No, no me he vuelto nostálgico del cine de antaño (aunque motivos no me faltan, viendo lo que últimamente cae por la cartelera de este país). No; he escogido deliberadamente el título de la oscarizada película de Garci porque esta semana la Audiencia de Navarra ha emitido una sentencia pionera, que quizá un experto en derecho considere como digna de sentar jurisprudencia. En concreto, la sentencia da la razón a un ciudadano a quien la entidad bancaria que le concedió un crédito hipotecario embargó la vivienda y, pese a ello, siguió exigiendo el pago de este crédito alegando que la vivienda había perdido parte de su valor debido a la crisis inmobiliaria. La Audiencia de Navarra estima, en cambio, que es suficiente con la dación de la vivienda hipotecada para saldar la deuda contraída.

Pasando por alto las consideraciones que la propia sentencia hace respecto de la crisis global, las hipotecas basura y la responsabilidad de los bancos en todo esto, es interesante saber que, al menos, existe una posibilidad de reinterpretar la legalidad vigente y permitir que una persona que haya perdido su vivienda, al menos, ponga su contador a cero entregándosela a quien le prestó dinero para comprarla. De hecho, esta misma semana lo comentábamos en el corrillo habitual, y la discusión es cuando menos jugosa, porque ¿cuál es la realidad el hipotecado: tiene una deuda de, pongamos 100.000 euros, o tiene un piso que está pagando a treinta años?

La interpretación que se hace en Europa es la siguiente: el banco presta 100.000 euros a un particular. Si no puede pagar la deuda, el prestamista se queda con el bien que se ha pagado con esos cien mil euros y, si no se salda completamente la deuda, tendrá que seguir pagando. La interpretación que se hace en Estados Unidos es otra: el banco presta dinero a un particular para que compre un bien determinado. Si no puede pagarlo, el banco se lo queda. Es a esta segunda tesis a la que se apunta la Audiencia de Navarra. ¿Con qué argumentos? Pues con los siguientes:

La entidad bancaria paga a un profesional para que valore el inmueble con datos más o menos objetivos. Todos sabemos que, en los años de bonanza, los criterios de endeudamiento del 40% de los ingresos se guardaban discretamente en un cajón.
Con esta valoración en la mano, el banco calcula que no pondrá más de un 80% de la cifra que resulte, con lo que el sufrido hipotecado tendrá que pagar de su bolsillo el otro 20%. También sabemos que, en los años buenos, las tasaciones arrojaban unos valores tales que ese 80% que pagaba el banco suponía el 100% del valor teórico de esa vivienda.

Tras el estallido de la burbuja inmobiliaria, los precios de las viviendas han bajado, lo miremos como lo miremos (a pesar de que había ilusos que lo consideraban imposible). Y, puesto que los créditos se han concedido tomando como base valoraciones emitidas por las propias entidades bancarias, la Audiencia de Navarra considera que son corresponsables de la situación. Argumenta que no es responsabilidad del ciudadano que se le haya concedido un préstamo tomando como referencia una valoración errónea o desfasada de la vivienda, y que, en cualquier caso, la cantidad prestada no se da con una finalidad difusa sino con un objetivo muy concreto: la adquisición de un bien. Y considera que, en este caso, es suficiente con que el banco se quede la vivienda. Podéis suponer que éste no ha quedado nada satisfecho …

En paralelo, esta misma semana se ha conocido la confirmación de otra sentencia, esta vez en Catalunya, en la que un juez ha estimado que un matrimonio de jubilados no deberá pagar más plazos de una deuda contraída con diversas entidades bancarias y que, tras varios años intentando renegociar las condiciones de devolución, finalmente se han declarado del todo insolventes para pagarla. El juez, en este caso, entiende que la deuda se ha contraído de buena fe, y que no se puede poner a estas dos personas en riesgo de exclusión social.

¿Cuál es el resumen? Bien, después de tres largos años de caída en picado, empezamos a ver las consecuencias de los excesos. Y, si bien es cierto que muchas personas en este país se han endeudado por encima de sus posibilidades, no es menos cierto que las entidades financieras se liaron la manta a la cabeza y comenzaron a conceder hipotecas a manos llenas, sin tener en cuenta las indicaciones del Banco de España sobre límites de endeudamiento privado y con tasaciones que ahora se demuestran claramente desmesuradas. No creo que esta sentencia siente la jurisprudencia que mucha gente desearía, entre otras razones porque es sumamente complicado interpretar de esa manera una ley que, por otra parte, es clara; pero tiendo a pensar que será cada vez más común ver sentencias de este tipo dada la situación de cada vez más familias españolas. Pensemos por un momento qué oportunidades puede tener alguien que se ve obligado a pasar por un proceso de desahucio, más un juicio, más la subasta del que se supone ha de ser el hogar de tus sueños, y que después de eso venga un juez y te diga que sigues debiendo dinero al que te lo prestó y que durante, pongamos otros diez años, has de dejarte quitar una parte de tu sueldo para pagar algo que ya no es tuyo .

Duro, ¿no? Pues a la hora de volver a empezar, es como si, en una final olímpica de los cien metros lisos, a uno de los corredores se le obligase a salir desde la segunda gradería. Con esta sentencia, al menos, se le garantiza el derecho a salir desde el mismo sitio que los demás … aunque sea con una amonestación.

 

SIMÓN CASAS

Fundador del sitio web Kenaria, donde comparte su experiencia como escritor y ayuda a otras personas a dar forma a sus historias. Su último libro, co-escrito con el coach financiero Israel Pardo, se titula “Gana el juego del dinero”.

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